Un deseo triste

Es un rasgo definitorio, si nos ponemos trágicos, de la ética de trabajo del país. O de esa falta de educación congénita en la que tanto se regodean las excusas del fracaso colectivo. Las cartas, los menús y los avisos callejeros de los restaurantes seducen con voces que aspiran a reconfortarnos el alma con su sofisticación: Sadwish mixto, era la propuesta de una cafetería elegante aquí, cerca del portal. Pero la más insuperable es aquélla de aquel bar que ponía: Gazpacho andalud.
(¿Es la falta de preocupación por el diabólico detalle un mal de gentes presuntamente escasas de instrucción? Toda la industria del cine español se ha pasado años incluyendo en sus créditos a los autores de su making off. Son los mismos que se encaraman en defensa de la cultura cuando se opina que el origen de sus dineros no es tenido por virtuoso).

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