Echando cuentas de las excusas

“Tuvimos una larga dictadura y, desde entonces, hemos ido avanzando poco a poco a la hora de definir nuestra estrategia; creo que durante esta legislatura la consolidaremos”

Lo dice un político. El asunto es casi lo de menos. El atraso secular y Don Francisco. Cada mal estructural en el país – llamado España – encuentra explicación en el pasado, que nos mira con malos ojos. España debe ser el único país cuyo pasado tiene nombre y apellidos. Es ventajoso, existe persona física a quien cargarle el mochuelo: no es al empedrado ni al pedrisco, causas desgraciadas pero que no permiten señalar con el dedo y que nos dejan un tanto desnuditos ante la negligencia de no contratar un seguro. Como en los juicios por corrupción, sobornos y otras debilidades humanas, la existencia de un difunto a quien echar la culpa nos libra de todo mal y nos vacuna contra cualquier vestigio de indecencia.

Echando cuentas, el político tiene 61 años. La calculadora me dice que ha tenido 33 años para, solo o en compañía de otros, haber realizado lo que no se ha realizado. No debemos ignorar que siempre lo urgente tiende a retrasar lo importante, o que las prioridades se van organizando de acuerdo al grito y vocerío que garantiza el principio de que quien no llora no mama. Pero el muerto acumuló un máximo de treinta y nueve años de protagonismo, treinta y seis restadas las operaciones militares, que son casi tantos como los treinta y tres que los políticos en vigor han tenido.

La pregunta de examen, queridos niños, es en qué fecha prescriben las reponsabilidades del fallecido y se inician las de las omisiones de los vivos.

Créditos: fotografía de ClintJCL

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