Realismo mágico

Decía Carlos Lehder que la cocaína era la bomba atómica de América Latina. Qué manera tan increíble de entender un poder, una farsa. Pablo Escobar, presunto redentor de pobres, azote de policías y gobiernos del orden mundial, declaró la guerra al mundo: puede que sólo Colombia se enterara. Cuenta Juan Pablo que las secuelas llegan al extremo de que la realidad ha de ser transformada. Si fuera literatura, dirían que un García Márquez y todos esos escritores latinoamericanos resultan seres de una creatividad exuberante, fascinante. Lo atribuyo a esa mirada europea que, como mínimo, está lejana, tan desconcertada que no puede asimilar una realidad que ni es blanca ni negra, sino que resulta ser una gama de grises. Magia, se ha dado en llamar.

Pablo Escobar no tuvo propiedades. Sin serlo, resultó ser el propietario. No me digan que no es cosa mágica.

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