Sin uvas

Demasiada gente, excesivo tumulto. Llevarse la mano a la frente en plena calle y decir, ay va, las uvas, y pensar de inmediato qué pereza volver ha sido todo uno. En la duda, se ha pensado en si el racimo que queda suelto en un rincón de la nevera dará suficientes, alternativamente se ha llegado a las aceitunas rellenas (más infantil, y más rápidas de tomar), unas almendrillas en caso de emergencia o unas pocas pasas. Pero volver, ni hablar. Mejor inventar tu propia fiesta.

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