Un oficio que va a incrementar su demanda en tiempos difíciles

El gesto del primer ministro emocionado, la segura amargura del opositor de carrera y de profesión, el efecto mimético que conduce a reproducir sin entender (lo que explica por qué los peliculeros se ponen en pie en el Goya de honor), la divulgación y la envidia que produce comprobar que El Ala Oeste de la Casa Blanca se parece a la realidad; permiten presumir que pronto veremos que se crea la posición de escritor de discursos como cargo de confianza de ministros, presidentes autonómicos, consejeros de estos presidentes y toda caterva política que cuando sea mayor quiera parecerse a un personaje de Sorkin. Obama permite decir que Sorkin no tenía que imaginar, le bastaba mirar a la realidad de su propio país, a escudriñar la historia. El país de Hollywood y los sueños tiene una enorme capacidad para que sueños, realidades tristes y amargas, compartan todos a la vez su espacio sin que sean mentira, sin que sean verdad.

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