Tengo una pregunta y una duda…

…que me produce una cadena de reflexiones que pueden no tener cuento y resultar absurdas o una prueba más de miserias morales, relativismos y toda clase de desórdenes que gusta atribuir al presente que se vive.

La riqueza de lenguaje es tan buena, que lo mejor es juntar aquí las mismas letras que deja el diario:

Es la alegoría de un país sediento de sangre, de una persona que se lucra con su propia muerte, de unos medios que actúan como buitres. Es la alegoría de un caso que se ha convertido en la gran polémica del momento en el Reino Unido: la muerte en público de Jade Goody, una joven profundamente inculta y hortera que hace unos años consiguió salir de la miseria gracias a la telebasura y que de la mano de los medios y la tragedia del cáncer se ha transformado en una mujer capaz de movilizar al ministro de Justicia, emocionar al primer ministro y a millones de británicos y abrir un agrio debate sobre los límites del circo mediático

Los a prioris nos llevan a pensar de la misma manera que el reportero poniendo lo mejor de sí mismo para explicar sentimientos que son honorables, pero me pregunto y me pregunto, me pregunto tanto que me puedo equivocar:

Si la mujer inculta hubiera vendido su historia anterior y la nueva historia para hacer un libro ¿sería un escándalo?

¿A un fotógrafo?

¿A un documentalista que rueda, luego monta y no emite en directo?

Libro, fotografía, documental, son palabras que suenan trascendentes y elevadas. Televisión, no. ¿Podría ser todo lo primero arte, incluso provocación artística y lo segundo jamás? ¿Podrían todos los primeros llegar a ser sociología o ciencia y lo segundo no?

¿Tiene sentido negar lo que en la vida real existe y que tiene serias posibilidades de ser contemplado por cualquiera?

La objeción que se puede plantear reside en la actitud: hemos tenido por detestable la exhibición de mujeres y hombres con deformaciones físicas y taras mentales en forma de circo, ferias donde lo detestable no es el sujeto observado sino los observadores, que pagan por degradar a un ser humano, que humillando y burlando a otro ser humano sólo contemplan a alguien esclavizado y no reaccionan ante la infamia degradándose a sí mismos.

Pero creo que existen alternativas para razonar: ¿puede negársele a alguien la capacidad de ganarse la vida como mejor quiera si parte de una decisión personal que, aún con todos los condicionantes que se desee, no pueda negarse que parte de una elección? ¿puede negársele a alguien la forma de morir en una sociedad que tiene tantos reclamantes para poder decidir ese momento en caso de incapacidad?

Todo recuerda a la prostitución, como juego entre propiedad del cuerpo, su uso obligado por terceros y la posibilidad de que quien hace uso de él sea el verdadero inmoral, cuando no criminal. Es decir, sería el pagador, los malditos tabloides y las televisiones que hacen de feria para monos, el verdadero degradante, el ente que secuestra nuestra conciencia para comportarnos como miserables morales.

Y me abandono: ¿y si todo fuera por la construcción de un concepto basado en su presencia única y sin apenas alternativa durante décadas? Se dice la televisión, pero todo lo más los libros. La televisión es monolotíca, los libros diversos. Trato de imaginar esas comunidades donde la Biblia es el único libro, quizá el único ocio, dicho con distancia el único consumo cultural y, por tanto, todo gira en torno a ese libro y todo es Biblia y nada más.

Pero si resultara que todas, todas las imágenes se tornaran páginas de miles de libros y hubiera cincuenta muertes retratadas cada semana, si decidiéramos que el dolor que un familiar lejano siente merece que le mostráramos la muerte de una madre, y tomáramos nuestro teléfono móvil para hacerlo y que en la misma Australia pudiera elegir su forma de sufrimiento ante la impotencia, puede que todo fuera simplemente normal.

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