Vindicación del chocolate del loro

José Blanco ofició el lunes por la noche de anfitrión de los grandes constructores, a los que invitó a cenar en el Club 31

¿Lo habrá hecho con su dinero? ¿Qué apostamos? ¿Hay que pagarle la cena con nuestro dinero a los mismos señores que se lo quedan construyendo carreteras con sus respectivos y legítimos beneficios industriales? ¿No lo había más barato sin que el fino paladar de los constructores se vea lastimado sin remedio? ¿Puedo pedir yo una cena con el ministro y otros colegas míos pagada también con el dinero que le aportamos con cada céntimo de iva, ierrepeefe, sociedades, gasolinas y tabacos? El chocolate del loro. Pero es mío.

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