Blanes, Bolaño

Me dijeron que era un poblado feo y un lugar impropio de vacaciones para un alma elevada en busca de belleza. Exagerado, sin duda. En el retrete de esta terraza añadida a una casa (toda la bahía a la vista, grande como una suite de hotel de postín, un jardín con losetas) encuentro una compilación de Bolaño. Él, que vive y muere en Blanes, tomando infusiones en algún café de por aquí. Tiene sentido retirarse aquí. Buen tiempo, alquileres baratos, buenas vistas y un mercado de verduras frescas que casi parece de verduras frescas de verdad. A lo mejor estoy profundamente equivocado y se trata de pararse aquí, con una rentita.

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