Apuntes para la formación del perfecto objetor fiscal (X)

Para qué decir más, si ya lo dice él:

Lo primero que llama la atención es que, por fin, el gobierno se ha retratado sobre el umbral salarial a partir del cual un ciudadano entra en la denostada categoría de rico. Cien millones de las antiguas pesetas. Sin embargo, a la hora de modificar la norma se establece una distinción entre foráneos y nacionales, quedando los últimos penalizados con el marginal máximo en el supuesto de que ganen más de 53.500 euros al año, esto es, diez veces menos. Está claro que algo falla en esta ecuación: o los españoles pagan por exceso o los extranjeros lo hacen por defecto si de igualar se trata. O la reforma se ha construido desde la demagogia de querer afectar a un colectivo concreto sin que importe su repercusión recaudatoria. Frenemos a Florentino.

La segunda conclusión que cabe extraer es la incapacidad reiterada de nuestros dirigentes, y sus socios parlamentarios potenciales, para entender que el mundo es cada día más global y que la pelea por el talento en las economías desarrolladas sólo se puede establecer en términos fiscales, sea a través de ventajas impositivas o ayudas directas. No sólo eso, la cortedad de miras afecta al equivocado análisis que realizan sobre la situación de la economía española que necesita, hoy más que nunca, encontrar áreas de actividad que le permitan reorientar su modelo productivo hacia una generación permanente de valor añadido. Olvídense con esta proposición de atraer emprendedores con una mínima ambición o de construir, por ejemplo, un centro financiero orientado hacia Latinoamérica. Una oportunidad que viene de la mano de la crisis de la City, por cuestiones igualmente fiscales, y de la previsible persecución a los paraísos fiscales. Adiós el Madrid, centro financiero de mi amigo Ignacio de la Torre.

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