Precipitaciones en una guindalera

Súbitamente, los sujetos obligados a efectuar su declaración de la renta han caído desde las alturas para comprender que las dádivas gubernamentales no son infinitas. En mi casa hubieran dicho que no se pinta el dinero. Las listas personales y colectivas del qué recortaría yo han puesto encima de la mesa un problema desacostumbrado en la psique del país trágico: la cuestión de votar es la cuestión de elegir en qué gastar y cuánto de tu dinero es lícito entregar para ello. El otro descubrimiento era tangible pero estaba sin formalizar: la cantidad ingente de privilegios, caprichos, sinsentidos, arbitrariedades, excesos, para qués y pero cómos que son capaces de crear las sucesivas generaciones de políticos que ocupan sillones en despachos que siempre tienen obras.
El recortador que recorte, buen recortador será.

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