Apuntes para la formación del perfecto objetor fiscal (XIX)

La cuestión griega, me dice la memoria, no es cosa de ahora: para hacer los cálculos de entrada en el euro ya se decía que había contabilidad creativa. Ahora la creatividad ha alcanzado, nadie dice negarlo, el convencional nombre de fraude y mentira. Hoy nos saludan con que los húngaros también mintieron. Y hay quien asevera sin que nadie le desmienta o le tome en serio que, los nuestros, españolitos ellos, también tornaron al diego en vez del digo.
Complejos asuntos para mortales como nosotros. Pero la sombra de la duda es demasiado ominosa como para la ignorarla. Cuando reclamo mi libertad para administrar mi pensión, cuando señalo el fraude legal de la confiscación de tus fondos para traicionarte en tu vejez, siempre soy interrumpido con el argumento simple y aparentemente demoledor de la quiebra de los fondos de inversión. Fondos que deben ser rescatados con dinero llamado de todos.
Tengo perplejidad: el estado defrauda en sus cuentas, está se quiera o no en quiebra y, si no se declara, se impide por la reducción masiva de las prestaciones que te dieron con la palabra derecho adherida. Ni siquiera es la primera vez que lo veo en mi vida. Por no hablar de la arbitrariedad constante de su composición. Pero es solidario. Es indefensión, es abuso. Es tornar servidumbre por libertad. Desamparo en nombre de una protección que deriva en cautiverio a los partidos y su estructura de poder.

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