Cornudos

El ruido insoportable de los desgarros por la supresión nacional de la fiesta nacional en la nación catalana no deja oir a los pájaros del bosque: ¿alguien recuerda una votación en un parlamento de Carpetovetonia en el que hubiera incertidumbre en el resultado y que gran parte de sus miembros tuvieran libertad de voto? Zozobra emocionante llegar a pensar que incluso es posible que los ancianos de la nación tienen conciencia por unas horas y la teórica condición de representantes de sus electores tiene visos de ser cierta. Asombroso el hecho de que nadie repare en la condición natural de la libertad de voto y no lo contrario. Dicho en plata, la democracia sin adjetivos ni apellidos, es un subidón. Los derrotados, que se supone que representan a otros derrotados, se olvidan de que bajo las mismas premisas pueden provocar en algún momento futuro una nueva votación. Tanto grito sobre el toro para comprobar que el cornudo es el de a pie.
[Oigan: y sin encontrar la forma de haber dicho la lidia para hablar de las corridas, un término tan poético y heroico que, ausente, me deja sin flores el verbo]

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