Del tratamiento del alcoholismo como terapia editorial

Se lo dicen a los defensores de la democracia por antonomasia:

La era institucional de los periódicos es agua pasada

¿Cómo puede uno pasar de ser o creerse ser la esencia del sistema a, simplemente, ser uno más? Tan interesante es la conclusión de los fundadores de The Politico como el relato del conflicto con sus empleadores, la no menos vaca sagrada Washington Post. Por supuesto, no vieron que el mundo cambiaba: es un clásico, porque cuando tienes demasiadas cosas que conservar no tienes incentivo o intención de hacer aquello que implica perderlas.
Mi yogui de referencia nos insiste en los costes del apego a cosas y sentimientos. Los libros de literatura empresarial se llenan de casos de triunfos que tornan en fracaso y de leyendas de empresas matusalénicas de las que se saca la lección de su adaptación a los cambios. Be water, my friend. Las discusiones sobre el futuro editorial están plagadas de reflexiones sobre los modelos de negocio hablando y volviendo hablar sobre los ingresos. Pero nunca discuten sobre los costes: la simple pregunta del número de metros cuadrados que ocupan para hacer sus textos debiera ser el punto de partida.
Del alcoholismo y las adicciones se cuenta que lo primero es ser capaz de decírselo a uno mismo. La aceptación. Dicho en términos menos felices, la resignación a la enfermedad. El reconocimiento del daño a ti mismo y, no es menos, al entorno afectivo. ¿Puede el periodista y su empresario repetirse a si mismo “no soy una institución”? ¿Decirlo en voz alta o publicarlo en primera página? Buena pregunta: para el tribulete la caída del guindo puede manifestarse en la fuga y la creación de su propio medio – con los costes indemnizatorios españoles, es un incentivo exactamente para lo contrario – mientras que para el editor es, simple y llanamente, una opción imposible: dejar de ser.
Las toxicomanías suelen incluir otros procesos como el de la sensación de control de la propia adicción. Que tomando un poquito y haciendo deporte eso no les va a pasar. Se llama Libranda y todos sabemos lo que va a pasar.

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