Felón

“Os pillé”, dice Neus por mail. Los pillados somos Juan y servidor. Mejor reescribo: los pillados somos presuntamente Juan y servidor, porque servidor no tenía noticia del ¿atropello?, la gracia del felón Granados. Un ardid, una complicidad, una de camaradas y de todos a una. Neus termina el segundo Sartine y el momento estelar en que sus cejas se vieran levantadas tuvo que ocurrir más o menos aquí: :

...pero, si pudiera elegir, prefería sin lugar a dudas que fuese el tuerto Benito Marín quien los acompañase.

Benito Marín era un canalla y un borrachín redomado, un verdadero hijo de perra de los muchos que florecían por generación espontánea a ambas riveras del Plata; nadie conocía sus orígenes, si es que los tenía, y bien pudiera ser vástago del mismo diablo Asmodeo, pero nadie como él conocía el camino y los mil peligros que acechan tras cada recodo, era capaz de oler y conocer los rápidos y los saltos de agua treinta millas antes y los bajíos y las piedras que velan, el más ínfimo detalle de cambiar del día a la noche por efecto de las crecidas o las sequías se modificaba su mapa mental antes que en el de cualquier otro ser vivo, humano o animal, y aquello era lo esencial. Si Benito Marín Alcrudo, ese era su nombre completo, estaba libre de mayor quehacer y dispuesto a acompañarles, él y no otro debía ser el elegido.

Mi padre salió bautizado hijo de Martín y mi madre hija de Alcrudo. Y yo me siento como una encarnación del Calendario Zaragozano.

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