Imaginarios

Era norma en el cine y la televisión de los sesenta, setenta y seguramente los ochenta presentar al hombre de pueblo como ignorante, sin luces, portador de una vida miserable de la que es fácil burlarse.El paleto era rudo, ingenuo y pasto de la risa de un urbanita que no hacía mucho había dejado la aldea.

Un día la publicidad empezó a presentar a los mismos aldeanos como gente sabia, hábil, capaces de engañar al ignorante de ciudad: vestida sin diferencia como los mismos aldeanos del cine anterior, ahora la campesina era una astuta señora que hacía pasar una conserva por su guiso casero. La gente de las cooperativas lecheras (¡pastores!) eran heroicos luchadores contra las multinacionales lácteas y la ingenuidad no era ya estupidez, sino bondad.

Los comerciantes y empresarios en las series de televisión españolas, son siempre parafascistas amigos de la estafa, la extorsión al emigrante, la chapuza irredenta, el tocomocho y la usura. Si es honrado, sólo es un pobre idealista que no gana dinero a costa de los demás. ¿Son los mismos ciclos?.

Etiquetas: ,

4 Respuestas a „Imaginarios“

  1. deugarte Dice:

    No creo que sean parte del mismo ciclo. El rechazo al lucro y la consideración del empresario como pecador público sobre el que se fantasea un poco con envidia un mucho con rabia es un "bajo continuo" en la cultura católica. El cambio de tendencia en la consideración del campo tiene que ver en que para la nueva generación, 100% urbnanita ya no es país sino paisaje y para la que es 10 años mayor representa a los padres y los abuelos "abandonados". Osea, la culpa y la idealización de la infancia, un terreno explosivo del que surgen irredentismos y nacionalismos varios de los sitios más insospechados. ¿Asturias? ¿Aragón? ¿Castilla? Oh sorpresa! Si son los sitios que más defecciones rurales tuvieron…

  2. Asun Dice:

    En el entorno rural que conozco, no existe esa dicotomía entre aldeano y empresario – en el Norte, la mayor parte de los habitantes de los pueblos son autónomos, y lo que ahora llamamos un poco pomposamente "emprender" es algo que se ha hecho toda la vida. Claramente, los publicistas de este país jamás han posado pie fuera de una ciudad.Y en cuanto a la emigración, yo no diría que verse obligado a tener que salir a ganarse la vida como indiano (los auténticos) o como emigrante en general sea exactamente una "defección".

  3. Isabel Dice:

    La pregunta tiene sentido. Parece el mismo revuelto de tópicos: sobrevivir no es cuestión de cambios de fondo sino de ganar en astucia. Siempre juegos en los que ganar implica que otros pierdan.Teniendo en cuenta la influencia del audiovisual, lleva a preguntarse si es el reflejo de lo que hay o lo que contribuye a construirlo.Estupenda selección.

  4. Gonzalo Martín Dice:

    Por "mismo ciclo" pretendía referirme a sí, fruto del cambio producido en el campo español, tambien en la ciudad, en la riqueza obtenida y, con ello, el cambio de valores de forma que deja de despreciarse la tradición para integrarse aún cuando puede que esté perdida para siempre y sea sólo nostalgia, la revisión del valor del comercio y el trabajo en oficios se va a producir igual.El mismo "estado del campo", el mismo estado de desarrollo, ciertos valores culturales "hidalgos", llevaban a tomar por nobles solo las profesiones ilustres, del tipo abogado, ingeniero o médico. Ser panadero, sólo es visto como una permanencia en la clase obrera o rural. ¿Serán de repente empresarios y mercaderes que sean roles sociales envidiables o envidiados?Dice Asun que en el campo no hay distinción, por resumir su entrada. Cierto. Y si vamos al País Vasco, Navarra o La Rioja, ese valor del oficio como heroico pervive o se acrecienta en su valor empresarial además. O esa es mi sensación. La idea aquí es, como he dicho, si se pasa a ese estado de calidez social generalizada hacia, pongamos el panadero (que ya no sería panadero, sino artesano del pan, o un innovador en el comercio del pan, gente que, además, no lleva vida sacrificada e innoble sino que crean verdaderos sentidos a su vida mejorando la calidad de vida – del pan – de los demás) desde el estado de estafador hasta que demuestre lo contrario.