Chinos

Cuando algo está en una tienda, es porque se vende. Así que sobrecoge mucho y da que pensar sobre el concepto de erotismo que complace al pueblo llano que se pierde en las estanterías de un todo a cien chino: el vestuario femenino de noche que tienen bien ordenado e imposible de evitar con la vista no parece posible ni en las fantasías más desquiciantes.

Estábamos familiarizados con esas tiendas donde trabaja toda la familia día y noche, pero en este templo de cerámicas de tres al cuarto, zapatillas de duro, cassetes analógicas y porno a tres euros las cinco películas, una muy concreta de Burgos, los empleados son una dominicana de buen ver y un típico ejemplar ibérico de la generación ni-ni. La jefa china – respira autoridad – no para de hablar por el móvil a pie de tienda mostrando en todos los rasgos de su aspecto (vestuario, salud) una cosa no muy diferente a lo que entendemos por prosperidad.

La calle Leganitos de Madrid va camino de convertirse en Chinatown. Después de ir tomando los comercios uno a uno y crear peluquerías y tiendas de informática, aparece un restaurante distinto. Un buffé libre de colores brillantes, marmolería y mesura: la tendencia a crear fallas de los orientales tiene aquí una asepsia sobria, cuasi zen aunque les toque Confucio, y detalles arquitectónicos para discapacitados que nadie esperaría en el templo del rollo primavera de la esquina. Los empleados tienen todos aspecto chino. Pero los clientes que aparecen, además de geeks con mochila, son jóvenes que recuerdan los affiches de los modernos de Hong-Kong. La comida es buena en esa versión de la comida cantonesa verdaderamente única que hay en España. Por aquéllo de su semejanza aproximada.
Ya no sé dónde leí que en cierta región de China gustan del jamón ibérico y del aceite de oliva: resulta que nuestros chinos vienen casi todos de los mismos pueblos. Y, las identidades, mutan: yo como una comida china que no es china hecha por chinos que ya no son chinos, aunque se supone que yo no tenía que comer nada chino porque no soy chino. El mundo me es incomprensible sin salsa de soja.

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