"Soy de Camerún"

Daban ganas de decirle que se ahorrara la conversación. Entiéndase: no dijo “me llamo fulano”. Con una camisa de la selección camerunesa de fútbol, con un obvio número nueve y el nombre de Samuel Etoo a la espalda, con una muñequera con la bandera de Camerún, la información del muchacho no aportaba demasiado. Pero me sentí estúpidamente culpable de no dar conversación en los siguientes intentos del periplo de once horas que teníamos delante, tan educado era.
Así, como a la sexta vez, dejé que la ayuda con el castellano, la comida y las azafatas se fuera más lejos para conocer los misterios de nuestros destinos. Había volado de Yaundé a Casablanca, de Casablanca a Madrid y de Madrid a San José, Costa Rica: destino asombroso a mi juicio. Especialmente cuando no habla una palabra de castellano. Tres meses, creo recordar, le esperan para estudiar la gestión de la resolución de conflictos en la Universidad de la Paz que hay en este país con el patrocinio de Naciones Unidas. Hallazgo que debo a su conversación y que no dudamos en atribuir al papel costarricense en los eternos conflictos de Centroamérica. ¿Pero qué fue a hacer a Castellón? Su anterior vez con presencia en España acude, sin conocer tampoco una palabra de castellano, a una universidad – ¿Jaume I? – para otros estudios que, más cosas que aprendo, también fueron en inglés.
El mundo siempre sorprende. Le dejé mi tarjeta. Prometió ponerme al día. Espero saber qué conflictos quiere contribuir a resolver. Y, si llega el mail, su nombre.

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