Cómo acabar de una vez por todas con el gobierno

El diálogo era una secuencia interminable de quejas de los abusos del estado contra autónomos y empresarios. Jaleado, inacabable, desbordante, demagógico hasta a sabiendas, desmesurado y promiscuo. Con el taxista a gritos de ¡sinvergüenzas! yo le doy más munición y sigue gritando ¡sinvergüenzas!. No dejamos ministro con cabeza, ni político con derecho a la presunción de inocencia. Proclamamos desde el sabotaje al saqueo; del gobierno, los sindicatos, los partidos y la (in)justicia. Nada en pie. Le entregó un billete de cincuenta euros por un taxímetro que marca diecisete euros con treinta y cinco y pido recibo. Me dice: le haré el recibo por 17,40 y eso que gana. No entendí una generosidad tan poco llamativa, pero le respondí que si yo me llevaba un recibo por diecisiete cuarenta, él cobraba por diecisiete cuarenta, que aquí ganamos todos. Ni un duro a Salgado. ¡Ni uno!. Me devuelve un billete de diez justo después del recibo con todo el aspecto de decir adiós. Me retengo. Dice: ¿cuánto falta?. Pues que van a ser que el cambio son casi treinta y tres y que faltan al menos veinte.

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