Palomas

En uno de esos recovecos de las conversaciones, se vuelve a repetir el alma real que le atribuimos a las palomas, esa consideración de ratas voladoras. Ese animal que se aspira a tener lejos de las camas de hospital. Y digo: cuánto daño han hecho Noé y Picasso. Dos imágenes separadas un poco más de cincuenta años, más o menos en las mismas fechas. El ocho de enero de 1959, a Fidel se le posaba una paloma en el hombro en medio de la euforia, “¿Voy bien, Camilo?”. En algún lado me recuerdan que para los yoruba la paloma no es buen signo.

Anteayer, Abbás inaugura la embajada palestina – reconocidos como estado – en Brasil. “Soltó varias palomas, en un mensaje de paz, aunque caprichosamente una de las aves se posó sobre la cabeza del dirigente palestino, generando una ronda de carcajadas y algunos aplausos”. Noé está en esa parte de la Biblia que comparten judíos, cristianos y musulmanes. Y cuesta pensar que haya traído mucha suerte. Que la tenga.

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