Apuntes para la formación del perfecto objetor fiscal (XXVIII)

A cada argumento de las cuentas que echaba la abuela, aparecía el estudiante de economía para quitarles hierro o añadir glamour: la inflación y los tipos de interés eran una cosa que decía el Banco de España y  los señores estadísticos del INE. Pero las abuelas sólo echaban cuentas de lo que queda al final del día y el esfuerzo de dar de merendar a los nietos. Seguramente sin conciencia de emplear conceptos finos como referirse a una economía desmercada, habrían reparado en el detalle de lo que realmente le cuesta la merienda, el fontanero y el frutero: lo que uno no entiende a estas alturas es por qué hay quien todavía encuentra mínimamente objetable que tanto el chapuzas como el afectado acuerden las cosas sin iva: en ambos lados echan cuentas de lo que, a final de mes, queda para los nenes. Para qué estamos, si no. Mucho más cuando cualquiera de los dos puede quedar enclavado en la categoría de los que sufren la mora del estado, el mismo que exige integridad moral y contable a todos los demás menos a sí mismo: aunque no fueran los doce mil millones que se aseveran, es más fácil decir fraude que se está ganando la vida.

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2 Respuestas a „Apuntes para la formación del perfecto objetor fiscal (XXVIII)“

  1. David de Ugarte Dice:

    Entre otras cosas «fraude» implica contrato y contrato voluntariedad y libre adscripción. Que yo sepa a mi no me han preguntado si quiero ser ciudadano español, bahameño o andorrano, si prefiero un pasaporte azul de la ONU o con los míos, al modo de la Orden de Malta, prefiero gozar de un estatuo comunitario transnacional… En fin, que conceptualmente no hay fraude cuando las condiciones las dicta sólo una parte.

  2. Gonzalo Martín Dice:

    Sí, pero te echan los perros de la ley encima y el delito de fraude a la hacienda pública está tipificado.