Holy shit!

Singular personaje Eulogio López: vitriólicos mensajes hacia la imposición de un integrismo católico extenuante junto con atinados comentarios que ya quisieran otros. Una web rupestre, verdaderamente fea, pero seguramente con la efectividad de lo simple y, no lo descarto, probablemente causa de su supervivencia económica. Curiosos anunciantes que nunca dejan de estar allí y que permite realizar estupendas preguntas conspiranoicas: no en vano, el Banco Popular parece no fallar, pero tampoco las empresas de energía o La Caixa. Es como si fueran esas publicidades que se dan fuera de planes de medios con la clara intención de tener un canal abierto con quien interesa tener más cerca que lejos: si ya lo decía Vito Corleone.

Tiene prohibidísima la reproducción de sus contenidos sin permiso, pero me da exactamente igual. Voy a citarlo. Porque ya es curioso que ningún gran medio haya sido capaz de explicar – ciertas firmas invitadas aparte – la cuestión de las revoluciones islámicas en marcha con fundamentos de red. Ahí le tienen, manejando seguramente sin saberlo la idea de descomposición o de ciberturbas conectadas. Por supuesto, con sus obsesiones. Me ha divertido:

Tenía que ser judío. Los hebreos son demasiado inteligentes como para engañarse a sí mismos. El presidente israelí, Simón Peres, laborista, estuvo en Madrid e Hispanidad le preguntó sobre los orígenes de las revueltas en el mundo islámico Su respuesta fue sinceramente judía: No lo sé. Eso sí, añadió que estábamos ante un nuevo fenómeno: la revolución Facebook. Es una manera de hablar. Más lógico sería llamarle la revolución Internet. Las ciudades libias están llenas de antenas parabólicas, esto es lo que acabará con Gadafi y con cualquier otra autocracia islámica.

Ahora bien, el problema no es que caigan los tiranos sino quien va a sustituirles. En la sociedad de la información  no impera la conspiración de unos pocos que mueven a muchos sino que el líder es quien sabe ponerse al frente del consenso creado de las bases, a través de Internet. Por eso, el presidente israelí no teme a los agónicos líderes  musulmanes sino a sus sustitutos, porque no sabe quién se impondrá tras la caída del viejo régimen. Es una nuevo tipo de revolución y ahora se ve que puede ser una revolución violenta. Ha bastado que todos los inventos electrónicos (ordenadores y móviles, principalmente) operen en red para que el inamovible mundo islámico se disgregue. Y así es: Occidente no debe temer a Gadafi, que ya es un cadáver, a quien debe temer es a sus sustitutos que no por invocar libertad tiene por qué ser amantes de esa libertad. Los anarquistas nunca soñaron con que su modelo pudiera hacerse realidad a través del progreso tecnológico -el único progreso que existe-.

Pues bien, arde el Islam por la anarquía que siembra la Red, la posibilidad de comunicarse, que no es otra cosa que la posibilidad de ver lo que ocurre más allá de tu tejado o más allá de tu continente. Es bueno que la WWW derribe tiranías pero me gustaría saber hacia dónde. El mejor termómetro será, sin duda, el respeto a la libertad religiosa, clave del resto de las libertades.

Un detalle: lo único que preocupa al Gobierno chino, la mayor tiranía del planeta, es Internet.

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1 Respuesta a „Holy shit!“

  1. Isabel Dice:

    No es una perla, es un collar de cuatro vueltas!.
    Creo que no me divierte.