Reduccionismo

La semana pasada conseguí por breves horas abrocharme el cinturón con el último agujero. Era una situación incómoda: el agujero anterior era algo insuficiente para proporcionar la sujeción necesaria que se supone aporta el cinto. El posterior, generaba un exceso de presión que, si bien era soportable al caminar y era preferible a la soltura del espacio anterior, generaba algo de incomodidad al estar sentado y, desde luego, se tornaba inviable con cualquier ingestión de comida. Esta mañana, sin embargo, me he abrochado el último agujero, camino con más ligereza y me mantengo sentado sin sensaciones antinaturales. Y ahora temo joderlo.

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