Cazador cazado

Y a pesar de que el juez Breyer se preguntaba qué merece protección y qué no, o más bien tenía muy en cuenta queun desastre peor para el país es tener concedida protección a cosas que no la merecen porque actúan como barreras al comercio, actúan como monopolios que atarían al país a monopolios individuales que elevarían el precio a los consumidores”, los jueces del Supremo parece que con él dentro han decidido que Microsoft, pobre ella, no tiene razón y deberá abonar una barbaridad de dinero – tiene más – por infringir una patente. Es interesante que los argumentos de la condenada respiran por la necesidad de tener oxígeno y hacer más débil lo que, en general, suelen desear que no ocurra con sus productos. Una y otra vez, son batallas para doblegar la competencia libre a base de matonismo legal: si la patente es mía aspiro a impedirlo todo, si la patente no es mía me acuerdo de por qué hicimos las patentes e invocamos el interés público.

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