Pepinos patrióticos

El nacionalismo se termina convirtiendo siempre en un argumento ad hominem. Los nacionales indignados de que se cuestione la calidad de sus pepinos por nacionales alemanes solicitan y proclaman urbi et orbi que no se consuman productos alemanes hasta nueva orden. Es decir, hasta la rectificación. Y yo me imagino a Belén, que tiene un chiringuito en la calle San Joaquín y vende salchichas alemanas de múltiples variantes, que tiene un pastrami muy rico, algunas cervezas y algunos panes. Me la imagino que haría si todos los que pasaran por la puerta decidieran vengarse de los detractores de los pepinos y castigarla con no entrar en su negocio. Como me imagino a los que fabrican la cerveza en Alemania y que no tienen nada que ver con los pepinos: sigue estando igual de rica y a mí, ni Belén ni los de Paulaner, me han hecho nada. Todo esto me lleva a recordar a Carod y el cava, a una contraportada de la revista de Eroski de hace muchos años parodiando los alimentos de España (no tenían súpers en media península) y así.

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