Americana

Muñoz Molina hace una descripción correctísima y atinada de uno de mis contrastes culturales favoritos: el del extraño ritual de percepciones entre estadounidenses y españoles. Es casi un tratado de antropología cultural:

A la de una:

No es que en Estados Unidos no haya cinismo, envidia o desgana: es que no tienen prestigio.

A la de dos:

En Estados Unidos un español aprende a tomar conciencia de la responsabilidad personal en el cumplimiento del trabajo y de los derechos y los deberes cívicos, no en las abstracciones verbosas de la política o de la ideología, sino en la inmediatez de la vida práctica

A la de tres:

También aprende algo que varios siglos de ortodoxia católica obligatoria, aislamiento y absolutismos políticos nos hace muy difícil aceptar en la práctica: que las ideas, las creencias y las costumbres de otros son tan legítimas como las nuestras, sin más límites que los del imperio de la ley, que está hecha de unos cuantos acuerdos básicos, tan sagrados como las innumerables diferencias que amparan.

Con vuelta:

Y en España un americano aprende una cierta dulzura y flexibilidad de la vida, un grado mayor de confianza en lo imprevisto

Pero lo mejor, lo mejor, lo mejor… lo que hace más interesante el contexto y el espacio es la flexibilidad de identidades:

Americana es, con plena conciencia y a todos los efectos, la mujer bengalí con sari y anillo de oro en la nariz que me atiende en la caja de una droguería; y también lo es mi antiguo portero, David Jiménez, que llegó ilegal de Guatemala huyendo de la guerra civil hace casi treinta años y hoy tiene un hijo que ha servido en Irak y una hija que está doctorándose en leyes, y el portero de ahora, Damir, que escapó de Montenegro para que no lo enrolaran en el ejército serbio…

 

1 Respuesta a „Americana“

  1. Liki Fumei Dice:

    Impecable, MM: tal y como suele.