Bocadillo de fiambre, botella de agua y fruta

Es el menú de la cena que recibieron todos los ocupantes de los calabozos de la Audiencia Nacional el fin de semana que les han arrebatado de su vidas. Casualmente, son unos señores de la Sgae. Hay gente en el mundo que vive con menos, puede que alguien llame la atención sobre si es la clase de dieta que se merece un detenido preventivo. Como divertimento, se lo propongo. Pero, por mucho que un servidor no sienta un amor especial por la actividad de la organización en la que están envueltos, no deja de pensar que aquí ha habido una cierta saña, un deseo de efecto: son detenidos en viernes ¿cuántas horas pasan hasta que pueden hablar con el juez? ¿De verdad han de declarar sin dormir en sus casas y ducharse y lavarse como las personas, sin ponerse ropa limpia? Salen libres con cargos, pero dice el magistrado que no hay riesgo de fuga. ¿Lo hubo alguna vez? Delitos mercantiles complejos, donde seguramente lo único que suceda es lo que todos hemos escuchado de lo que era SDAE: un subterfugio, como tantos otros de la misma organización, para poder entrar en actividades con ánimo de lucro sin ser una organización con facultades para ello. Si de ahí, además, alguien mejora sus bolsillos, es otra cosa. Pero, como sospechamos del verdadero calado de la operación, es más sencillo pensar que esto tiene mucho más que ver con el caso de los controladores: quien le echa un pulso al estado, pierde. Alguien está diciendo quién manda.

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