El retorno del orden establecido

Esa forma de escribir del reportero que piensa en el entretenimiento y no en informar y hacer entender – por supuesto – es gozosa a poco que se preste atención: “A cambio da una buena noticia”. Vamos a ver en qué consiste la buena noticia tras el dudoso buen gusto de que Spotify ya sólo te acepte si tienes cuenta en Facebook:

A cambio Spotify da una buena noticia: en seis meses el servicio no impondrá limitaciones al tiempo de escucha de música gratuita con publicidad; después, los abonados a la oferta solo tendrán 10 horas al mes de audición y un mismo tema no podrá ser repetido más de cinco veces.

Caramba, qué guai, me pegan un chute de alta pureza de heroína en vena al salir del cole y luego me dicen que vuelva a por mi dosis, qué buena noticia. Abusaron de mi, pero era por mi bien: los fans de la música han vuelto a verse sometidos al mismo proceso de escasez que suponía el mundo analógico esta vez completamente artificial. Han pagado y pagan su cuota mensual para ver que no tienen nada con total entusiasmo:  oh, deben estar tirando sus cedés o vaciando sus discos de música porque necesitan más memoria.

Los que han convertido a las descargas en la gran batalla y no la propiedad intelectual, ya tienen su premio activista. Todos estos entusiastas usuarios que descargaban como posesos y que aparentaban indignarse ante el malísimo Teddy y la brujísima ministra al final lo único que querían era música en el ordenador. Y ni gratis. Hombre, el observador atinado dirá: pero caramba, ¿no se da cuenta de que su adolescente residente en casa no podrá pagar a la vez la cuota de Warcraft, la de Spotify y la de Netflix? ¿Durante cuento tiempo? La piratería regresará. O no. O no se fue, pero ya no hará daño. O sacarán una ley para regular las identidades digitales legales y las que no y a todos les parecerá muy bien para que no les acose un pederasta…

 

 

1 Respuesta a „El retorno del orden establecido“

  1. Jose Alcántara Dice:

    Lo decíamos en mis tiempos y sigue siendo válido: jugador de chicas, perdedor de mus. Si reclamas por las descargas y no por la mayor, que es el régimen de propiedad intelectual, el sistema te acabará aplastando, precisamente, con la sartén mayor, que tiene bien cogida por el mango.