Por favor, no me industrialice

Unos ingenieros dicen, y uno tiende a mirar con el ojo taimado a los ingenieros, que España necesita producir. Todo ello si el periodismo no lo ha interpretado a su manera: sirva de eximente a cualquier mala intención que pueda tener un servidor sobre los ingenieros. La cuestión culmina, tras diversos y razonables argumentos sobre la necesidad de reindustrializar y consolidar un tejido empresarial de este tipo, afirmando que se trata de «una cuestión de Estado». Y es ahí donde surge mi natural proceder de fino capullo en busca del cabo suelto.

Muchas décadas en las que la industria parece haber estado en manos del estado o, por lo menos, con la capacidad del estado para meterle mano, no han producido nada especialmente emocionante en estos términos. Pensando sobre todo en eso que llaman el “modelo productivo”, que a mi me suena más a plegaria que a metodología. La cosa es que, si no ha conseguido cosas interesantes en tanto tiempo, ¿por qué esperamos que lo haga ahora? A lo mejor hay que caminar rodeando al estado: pedirle al gobierno que industrialice, es pedirle marcos y contextos, pero eso seguro que termina con ingenieros, economistas y sindicalistas pidiendo al gobierno dinero para políticas sectoriales y otros nombres tremendamente científicos.

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