Más síntomas del glamour como aura de la obsolescencia

En le mejor tradición de la imperfección periodística, el redactor titula con un significado diferente a lo que recoge su propio artículo. Más interesante es la constatación de la impefección permanente del oficio (a pesar de su romántica creencia en lo contrario) al tratarse de las declaraciones de su propio editor: es como la prueba del algodón, ni siquiera se puede sostener la leyenda del rigor ni cuando reproduces a quien te paga que es, por definición, la versión oficial.

Moriré haciendo periódicos en papel” es un equivalente a “moriré con las botas puestas”. Esto es puro glamour del que hablamos estos días: una ensoñación carente de toda realidad. Maquillaje: la adulteración de la realidad para mostrar la cara más bonita que ya no es, seguramente nunca lo fue o, con toda seguridad, se perdió. La gente que muere con las botas puestas nunca son perdedores, son héroes. Lástima que las declaraciones aparentemente reales sean otra cosa: “Llevo 50 años haciendo periódicos en papel y me voy a morir haciendo periódicos en papel”.

El contexto conduce a que no se trate de un brindis heroico del prejubilado, sino una explicación de la longevidad del formato destinada a una audiencia que espera respuestas sobre el futuro de su negocio. Ellos, los periodistas, reporteros y tribuletes, lo enuncian de forma irónica. Yo creo, más bien, que es un rasgo estructural. Se dice: no dejes que la realidad te estropee una buena noticia. La cuestión aquí es cuánto del glamour asociado al oficio de prensa ha influido en elegir esta distorsión concreta de los datos. Épica de mundo desaparecido.

Pobres mosqueteros.

Los Comentarios han sido desactivados.