De los libros como los blogs y su estado de uso

Aunque nos duela reconocerlo —a todos, a hombres y mujeres— el sistema-mundo editorial está organizado de esa forma. Mientras más bajo es el nivel de las novelas mayor público puede atrapar. Y no olvidemos que esto se trata, desde hace ya mucho tiempo, de tratar al libro como mercancía, como objeto de consumo, no como instrumento crítico para la comprensión del mundo.

Francesca Serra

Lo del prejuicio al comercio es lo de menos hoy. Lo interesante es efectuar un paralelismo con el auge y caída del blog como referencia de la transformación digital de la comunicación, su capacidad para empoderar usuarios y extender deliberación y debate de modo abierto.

El libro mercantilizado, es decir, como instrumento de comunicación de masas y su mínimo común denominador del gusto (“mientras más bajo es el nivel mayor público se puede atrapar”) es la norma y no la excepción. Nuestra autora decepcionada, cual hacker deprimido ante la evolución de los facebook de este mundo, sólo concibe el libro por su uso más potente.

Pero, implícitamente, está asumiendo que el uso potente es contrario a su poder de alcance y notoriedad. Lo cierto es que el doble uso es la realidad, simple e inevitable. Los libros sirven para comprender el mundo – críticamente o no, que siempre sospecho del término pues implica un sesgo generalmente del tipo “el mundo no me gusta a mí y la culpa es de los otros” – pero también sirven para comprenderlo menos, engañar, divertir críticamente o no, almacenar datos o lo que el editor guste.

Paralelamente, un blog o cualquier de las herramientas llamadas sociales hacen lo mismo. Dejando aparte la independencia y libertad (as in freedom, not as in free beer) del dominio, cms y host propio frente a un servicio de terceros, mirar el libro y el blog definiéndolo como un elemento dedicado únicamente al instrumento crítico que supone es confundir el soporte con el resultado. El continente con el contenido.

En definitiva, lo primordial reside en el uso otorgado y no en la herramienta. Se pueden hacer carreras de coches con cualquier coche. Un utilitario de fábrica irá mal frente a un aficionado que tunea y “prepara” (así se decía antes) el vehículo. Y seguimos hasta el coche a medida para únicamente probar los límites de la técnica y la pericia, espacio para pocos. Muy pocos.

Hicimos los blogs exaltando el poder de pensamiento que tenían, exacerbando – para bien – su poder reflexivo pensando que todas las personas terminarían por dedicarse a pensar y no a pasar el rato. Creyendo que siempre habría algo que decir, cuando no. O que todo el mundo tiene algo por explicar, cuando es notorio que no. Sobre todo desde ese uso en el extremo de la crítica.

Y creímos eso como una especie de evolución definitiva del internet que salvaría al mundo. Cuando los chats, como representación de lo que la mayoría de las personas hace con la mayoría de su tiempo cuando quieren estar conectados, estaban ahí. ¿Para que servía el ICQ, el Messenger y los canales de IRC? Esencialmente, para pasarse chistes, ligar y hacerse pasar por mujer en una conversación de hombres.

Ni da pena que los libros no sean todos críticos ni tiene que dar pena que la gente (toda la gente) no use blogs. O no los use para decir algo. Al final, lo dije. Las cosas, en el fondo, no han cambiado. Aunque la cultura hasta de los bloggers en estado crítico esté escondida aunque no disuelta entre la lluvia.

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