Antídotos intelectuales contra la mierda de toro (xlv): sobre divorcios y repartos de cartera

Como era de esperar, hallar explicaciones públicas por personas ¿inteligentes? ¿preparadas? ¿que han estudiado los interrogantes? de problemas complejos inevitablemente simplificados por la propaganda (porque, la propaganda, es el arte de simplificar para embaucar) es extremadamente escaso. Pero aparecen:

La independencia de una región o un país podrá defenderse por razones personales o emocionales, pero no económicas. No se trata de decir si es viable como país independiente, que lo sería, pero a muy largo plazo y tras una factura difícil de asumir cuando lo que prometen es “más estado de bienestar”, ya que sería menor. Se trata de qué coste estamos dispuestos a asumir por esa independencia

Ya saben ustedes que detrás de cada bandera hay un burócrata dispuesto a  crear un comité… con los impuestos de los demás.

Desde luego, también hay explicaciones jurídicas que, viendo de donde vienen, permiten entender qué tipos de debates y reflexiones alimentan a los grupos reducidos que, después de su deliberación, toman decisiones estratégicas (esto es, justo antes de iniciar el proceso de simplificación propagandístico). La complejidad siempre es mucho más interesante que la simplificación porque pemite reducir la ansiedad y el romanticismo absurdo para asumir la convivencia con los grises y aceptar que los subóptimos suelen ser los únicos óptimos posibles: “sólo veo como salida un enorme baño de realismo“. Realismo para todos los contendientes (que, por cierto, queda clarísimo).

6 Respuestas a „Antídotos intelectuales contra la mierda de toro (xlv): sobre divorcios y repartos de cartera“

  1. Jose Alcántara Dice:

    Tim Harford publicó en FT una columna (posteriormente la re-posteó en su blog, y así nos saltamos el paywall) sobre el por qué de que el surgimiento de países pequeños esté posibilitado precisamente por un contexto económico más o menos liberal, y en el que los Estados se relacionan entre sí usando los entresijos de la democracia interna, pero también los “mecanismos pacíficos” entre países,

    Como todo en economía/política, supongo que los argumentos tienen cierta flexibilidad para ser torturados y puestos a defender «lo que queríamos demostrar».

    Ayer The Guardian dedicó un editorial a este tema.

  2. Gonzalo Martín Dice:

    De hecho Xavier Sala siempre ha insistido en el buen desempeño de los países pequeños. Pero me sorprende que Hartford descarte tanto el valor regulatorio que supone disponer de “un país” y eso provoca que exista una mercado separado, si bien la reduccion de barreras comerciales reduce ese valor regulatorio, pero condiciona legislaciones laborales, impuestos y muchas cosas.
    También me sorprende que no valore el peso demográfico en los temas de regulacion como es en el caso de la UE (más población, más votos) y los valores de la suma de PIB en la entrada de institiciones (G8 y más), porque eso da ventaja a los que tienen escala. De hecho, me sorprende que el nacionalismo español no sea capaz de argumentar eso como un valor añaido de España: Holanda mola, pero si Holanda pudiera tener la población de Polonia con sus votos, estarían más contentos.

  3. Jose Alcántara Dice:

    Comparto el hecho de que tener más peso representativo en las instituciones de la UE es relevante. Holanda, de hecho, es un país acostumbrado a estar “sobrerrepresentado” en las instituciones y los cargos europeos. Hacer masa crítica te abre esa opción, si juegas bien tus bazas.

    Ahí el problema es que el nacionalismo español tiene un track muy cutre: ¿es el PP el que tiene que hacer ese discurso? ¿El mismo PP de Aznar, que se dejó la mitad de eurodiputados a cambio de un segundo comisario, cuando el futuro de la UE es parlamentario y cuando la ampliación a 27 países iba a quitarle el segundo comisario en 3 años? Es que los políticos españoles llevan años haciendo precisamente lo contrario a los holandeses: haciendo gala de su falta de habilidad para conseguir que España esté infrarrepresentada en la UE, y claro… ahora dígale usted a quienes dicen que «aquest any sí» que la defensa de sus intereses está mejor si hacen masa crítica con España. Es probable que terminen diciendo aquello de «virgencita, virgencita, que me quede como estaba»… pero la mayoría de los que piden la independencia van a preferir arriesgarse, y para cambiarles la idea habrá que ofrecer más que eso.

    Para colmo, la gran campaña españolista contra el referendum ha consistido en que Montoro diera luz a un escándalo que en Hacienda seguro conocen de toda la vida (y como todo en estas cosas, aguantado para ser expuesto en cuanto fuera beneficioso). El tema es que más allá de demostrar que los políticos en Barcelona son tan corruptos como los de Madrid, el tema no ha impedido que la gente salga a la calle en la mani del otro día… De hecho, creo que la influencia ha sido insignificante. Lo que me hace pensar que sí, «virgencita virgencita», pero nada de cambiar de idea si eso es todo lo que España y sus políticos tienen que ofrecer.

    El españolismo tiene, además, un problema de agravios comparativos que sinceramente se debería evitar a toda costa: tras décadas diciendo a ETA que las cosas se consiguen por la vía política, resulta que si en Cataluña un gobierno electo lo intenta por la vía política se le niega todo (para empezar, se le niega hasta que puedan votar aunque no sea vinculante)… Mal tema, porque vistas una al lado de la otra, parece que lo que se le decía a los primeros era mentira :S

  4. Gonzalo Martín Dice:

    ¿Y qué quiere que añada? Para las cosas que nos gusta conversar, lo más destacado es que llevan treinta años haciendo el análisis incorrecto: no han comprendido, como le sucede a Rusia con su entorno, que la “simbología Española” no genera deseos de imitación, suma o pertenencia, sino más bien la necesidad de separase de ella y de temerla: recuerdo cuando Madrid se pobló de Iñakis, mucho mas cool que llamarse Ignacio. La mutación de las palabras castellanas sustituyendo ces por kas (no únicamente una asimilación a lo molón de lo vascuence, léase Vallekas), el abuso del inglés para expresar cualquier elemento cotidiano, para mi sugiere el derrumbe de una simbología incapaz de ser sentida como plenamente digna. En el fondo, lleva a vivir una enorme contradicción, pero eso es otro tema. La cuestión es que la materia gris (sic) del nacionalismo español ha sido incapaz de hacer una “re-construcción nacional”. Y Pujol se tiró 30 años haciendo la suya. Les ha ganado. Pero no ganará en el Rosellón porque, de partida, no existe la necesidad de depegarte de algo que no amas. El mundial se ganó tarde. Con lo que volvemos a que todo se reduce a una cuestión sentimental.

  5. Jose Alcántara Dice:

    Por supuesto no hay que perder de vista el bosque: es una cuestión sentimental y lo demás son leches. Yo no veo la utilidad a «un parto» de estas características, de la misma forma que lo último que habría necesitado (y necesitaré, si de vez en cuando continúo visitando Málaga) es una aduana en Despeñaperros, pero las relaciones se salvan con hechos cuando se llega a tiempo, y luego o se vuelve a seducir o no hay nada que hacer. En Cataluña el discurso de los datos ya no parece capaz de calar a estas alturas (porque la frialdad de los datos no te da storytelling, aunque sea la forma más racional de decidir).

    Y bueno, enough. Que a mí ni me va ni me viene 😀 Me preocupan más ciertos partidos capacitivos que tienen discursos de lo más siniestro 🙂

  6. Gonzalo Martín Dice:

    Bueno, a mi ni me va ni me viene, pero sí me va y me viene. Las masas enfurecidas y los choques de trenes crean problemas desagradables: en las casas la gente deja de hablar para no tener conflictos familiares, los amigos de toda la vida mutan y si te atreves a ironizar sobre algo se te mira como alguien que decepciona. Además de los problemas desagradables a nivel personal, a la gente le da por hacer locuras que terminan en situaciones policiales, desparrames comerciales y otras lindezas. Los números no tienen relato, es bien cierto, en todos los cursos de presentaciones te insisten en que les busques una dimensión que les ponga contexto. Yo soy de los que cree (vamos, como cálculo de probabilidades) que no va a “pasar nada” ni aquí ni en Escocia, pero como anticipaba el problema de Flandes, la UE terminará reinventando estructuras políticas para llegar a híbridos de confederaciones estatales que mantengan lo esencial del statu-quo. Y en eso, estos casos, que están a nivel de debate legísimos de pensar en términos contemporáneos a problemas que se quieren resolver con doctrina del siglo XIX, son los que abren la caja de Pandora. Lo cierto es que lo normal, como se vió en Yugoslavia o como se ve en las ex republicas rusas, incluso en Hungría, es que el riesgo de que triunfen modelos decimonónicos es mucho más sencillo que lo contrario. Pero la UE, con Alemania al frente, tiene mucho que preservar. Así que una resaca escocesa, catalana, con Flandes y Euskadi preparados, puede que algún francés y algún italiano pendiente, llevará a un debate internacional que articule una cosa diferente. Que no se sabe lo que es. Entramos en la política ficción, porque está claro que ni el Reino Unido ni España serán lo mismo después de este otoño. Lo divertido es que en Portugal hay un sentimiento latente para resolver estas cuestiones a la inversa: buscando donde integrarse.