Revoluciones pendientes de calificativos precisos

—¿Por qué no era una revolución la primavera árabe?

—Porque una revolución debe tener un discurso, y no lo había: los opositores jamás hablaron de laicidad, de liberación de la mujer, de cambiar la ley coránica. ¿Qué revolución es esa? Solo querían cambiar de régimen, y cambiar de régimen no sirve de nada cuando permanece la misma mentalidad.

¿Era primavera entonces? La otra pregunta es en qué lugar quedan Twitter y Facebook en este marco de orgía liberadora como agentes presuntamente liberadores. Por cierto: el tipo de discurso que se enlaza es muy compartible, pero no deja de poder evitar contener un punto soberbio e intelectualmente arriesgado:

Stendhal decía que si una persona quiere ser miembro destacado de una gran sociedad debe aprender el arte de hacer concesiones a la voluntad general, aunque esta se encuentre equivocada. Si no lo hace así, esa persona no será nada, ni logrará nada, y no merecerá más apelativo que el de “hijo extraviado”. Yo, personalmente, prefiero ser un “hijo extraviado” antes que apoyar la voluntad general equivocada.

¿Y la equivocación la decido yo? Eso sí, existe una diferencia entre no apoyar y extirpar la voluntad general equivocada. Por cierto, todo esto sirve para recordar cómo el llamado 15-M padecía exactamente la misma enfermedad.

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