Tribulaciones de un votante en edad de no creer

Cabrear a todo el mundo: insistir en que votarás a Ciutadans, con t, porque así está dicho en catalán y joderás a los de Madrid. Joderás a los de Barcelona porque votas a un submarino español, joderás al PP porque votas al que le quita el gobierno, joderás al PSOE porque le quitas al centro, joderás a Podemos porque no podrán hacer la revolución, jodes a la abstención y el voto en blanco aunque a esos nadie les tiene en cuenta. Queda saber si no te joderás a ti mismo.

Trampa: hay un montón de desesperados que han encontrado una excusa, un menos mal, una razón para creer, un voto en busca de dueño. A esos no les jodes. Te dirán: no se vota para joder a nadie. Piensas: a lo mejor es mejor votar para joder, que para soportar. Soportar de sostener, que la paciencia va incluida. Entonces vota a Podemos, que jode mucho. No, que puede que me joda a mi.

Escrutas los segmentos de edades y miras con asombro que los de la tuya tienen tendencia a identificarse con los que han conocido del pasado. Es decir, los de siempre que no son de siempre, porque se inventaron o reinventaron cuando eras niño. El asombro viene porque, en el fondo, lo comprendes porque eres más indulgente: total, ya has visto de todo y las novedades no te parecen novedades, reciclas el término adanismo y te sientes orgulloso de tu profundidad cultural. O sacas pecho de hacerte mayor y tener un punto para despreciar todo lo que dicen imberbes a los que ya no entiendes, síntoma de estar cercano a la irrelevancia.

Al final, no harás nada.

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