Autócratas singulares

En la era de la singularidad tecnológica el próximo Fidel Castro no hubiera muerto. Tampoco Augusto Pinochet. No hubiera impedido – posiblemente – la muerte de Ceaucescu, Gadaffi o Sadam Hussein. Da cierto pánico que Kim Jong-Un sea inmortal.  La pregunta futurista es si la legitimidad del tiranicidio sube enteros en los códigos morales y si habrá que debatirlo con intensidad porque, efectivamente, la tecnología no priva del tirano.

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