El comprador narciso

El banquero famoso dice que el cliente al que quiere satisfacer es más «narcisista» porque decide «cómo, cuándo y dónde» quiere relacionarse con el banco. Normalmente cuando un comerciante dice «el cliente es muy exigente» lo que sucede, visto de la perspectiva del que paga, es que no quiere que le tomen el pelo. Así que, vaya por dios, narcisistas somos porque queremos valor, no porque pensemos que valemos más de lo que valemos.

«Vemos un cliente más informado, pero también menos leal», dice después. En el lenguaje del mercadeo, se emplea la idea de lealtad con frecuencia. Uno cree que ese sí es el típico proceso narcisista que parece implícito en el libre comercio y que al capitalista le cuesta mucho reconocer: que el trabajador que contratas no te debe lealtad, sino que te la ganas; que el cliente no tiene que ser leal, tiene que estar satisfecho por lo que paga y que le tenga sentido para sus usos alternativos del dinero.

Curiosamente, el capitalista sabe que no puede ser leal, sólo elegante. Cuando el trabajador que contratas no puede seguir la lealtad no existe, existen sólo las formas y la ley. Cuando el cliente no es rentable, crear incentivos negativos o comunicar el cierre de la cuenta suele ser la única salida: lo usual es que suceda eso que los italianos describen como manca finezza.

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