Artículos Etiquetados en: „google“

Ciencia Ficción Contemporánea (viii)

miércoles, 30 marzo 2011

De Joaquín Rodriguez:

…los fundadores del buscador perdían su algortimo mágico después de una tremenda borrachera en Oviedo, tras la entrega de los Premios Príncipe de Asturias. La fórmula, en manos de la vengativa competencia, implicaba el desastre empresarial  de Google pero, peor aún, significaba el fin de la cultura occidental. Hasta tal punto hemos confiado nuestra cultura, nuestras vidas privadas y nuestras indagaciones a una única y suprema herramienta, que si por alguna razón -una cogorza o, por qué no, una OPA hostil- alguien nos desenchufara de esa mediación, gran parte de nuestro patrimonio histórico, nuestra herencia intelectual y nuestra propia biografía, se esfumarían de un plumazo. Google “es una región finita del espacio-tiempo provocada por una gran concentración de masa en su interior, con enorme aumento de la densidad, lo que genera un campo gravitatorio tal que ninguna partícula material, ni siquiera los fotones de luz, pueden escapar de dicha región”.

El miedo es libre, Eric

domingo, 20 febrero 2011

Google no da miedo. Desde hace más de una década hemos repetido que nuestro objetivo es organizar la información. Mientras no nos apartemos de este camino, y no lo haremos nunca, todo irá bien. Google seguirá siendo el intermediario entre humanos y ordenadores.

El detalle perverso que se le escapa, no se sabe si inconscientemente, con culpabilidad o sin ella, es precisamente el corolario: que seguirá siendo el intermediario. No sólo es singular – ausencia de competencia – sino que intermedia y, por tanto, sugiere capacidad para generar escasez donde no la hay. La mejor solución que puedo imaginar es que haya un plural y eso no coincide en absoluto con la idea de duopolio.

Ciencia Ficción Contemporánea (I)

martes, 10 agosto 2010
Google se compra Sony. Súbitamente los catálogos de la antigua Columbia pasan a visionarse de forma privilegiada y rotunda en YouTube. Los televisores Sony conectan con Youtube a las mil maravillas y con una presencia en la home del televisor verdaderamente priorizada. Los otros estudios ven que pierden ventaja de imagen aunque Google monetice peor el contenido. Pero da igual: pagarse una macroproducción estará destinada a fines mucho más integrados, esparcidos y completos ¿a quién le importa el DVD?. Sony lanzará teléfonos Android a precios revolucionarios y con funcionalidades impecables. En gmail aparecerá un mapa con los amigos geoposicionados.
En la ciencia ficción no existe el antitrust. En la no ficción, todo depende.

¿Para qué queríamos ancho de banda?

jueves, 11 febrero 2010
Esto ya estaba en los libros. Que hay quien puede llamar profecías. Pero seguro que nuestros políticos no leen mucha ciencia ficción o ciencia a secas: Nicolás Negroponte no ha estado, seguro, en sus mesillas. El ancho de banda lo queremos para crecer y desarrollarnos, ministra:
“Imagínense estar en una clínica en una zona rural, viendo imágenes tridimensionales en streaming y discutiendo condiciones médicas no muy comunes con un especialista en Nueva York”, decía ayer el blog de Google, escrito por los responsables del proyecto Minnie Ingersoll y James Kelly. “O descargar una película en alta definición, en toda su duración, en menos de cinco minutos. O colaborar con compañeros de clase de todo el mundo viendo un vídeo de una conferencia universitaria en tres dimensiones”

HAL9000 yace en su tumba

miércoles, 6 enero 2010
Tuve que repetirle a la señorita sus palabras ante mi duda en la escucha: ¿Hal, como en HAL9000? Añadí el de 2001, añadí mucho más, una odisea del espacio, anticipando ya la incertidumbre de si la interlocutora identificaba a qué Hal me refería. Hal era hal porque el banco tiene un producto que llama Hal Cash. Ni me pregunten, es largo de contar. No, la señorita amabilísima y llena de sonrisas (las sonrisas se oyen) no había visto 2001 y tuvo que sonreír más cuando le hablé de lo que suponía eso para mi en términos de acumulación de años con respecto a quienes en el presente tienen que ocupar los puestos de asistencia telefónica.

Hubo un tiempo en el que prácticamente cualquiera sabía quién era HAL9000. El debate se centraba en cómo el que se había aburrido viendo a Kubrick ocultaba su inmediata reducción de prestigio intelectual de una forma digna, y quienes una y otra vez interpretaban al monolito. Entre los segundos se encontraban los que sabíamos que HAL, ese cuasi ser de supercomputación que se rebela contra sus amos y se convierte en lo que Asimov en sus leyes de la robótica no permitía, era el traslado de las siglas de IBM – International Business Machines, otra que no sabe nadie – a sus antecesores en el abecedario. Un divertimento, diría que grandioso, de ¿Kubrick? ¿Arthur C. Clarke?. Resulta que gracias a la Wikipedia, ignoro si la Enciclopedia Británica lo ratifica, esta versión es más falsa que Judas. Pero qué bien lo pasamos.

Pero el tiempo no sólo borra del imaginario de trascendencia occidental el icono de HAL, borra su significado. En la era anterior a la computación casera, ubicua y universal, el poder de las máquinas controlando nuestras vidas, más los ordenadores, era un miedo típico e interesante de la época. En realidad, no sucedía nada parecido, pero el miedo es libre. ¿O sí sucedía? Las máquinas podían rebelarse y mandar missiles a la URSS, ese otro cadáver. A nadie se le ha ocurrido todavía inventar un FNNFK impronunciable remedo de Google trazando nuestras comunicaciones, perfilando nuestras vidas y controlando nuestras compras, actos, seguridad, bla, bla. Echelon da el mismo miedo, pero es un secreto. Matrix no tiene la fuerza emocional de 2001. No hay Asimovs de las redes, Bruce Sterling es para fans recónditos.

Quizá debieran ser los lectores los que continuaran este artículo. ¿Hay alguien ahí?

Mea culpa, grandísima culpa

domingo, 1 febrero 2009
Siempre que un político califica una conducta de irresponsable, me llevo la mano a la conciencia. Es para evitar que la sospecha pueda conmigo: un inglés dice que soy irresponsable si tengo más de dos niños porque el planeta, esa masa azul vista desde la luna, se pone en peligro. También me han dicho que usar Google es absolutamente contaminante. Uno tiene edad para recordar que iba a haber una nueva glaciación, que el efecto 2000 iba a echar presas abajo y para haberse atemorizado por el tercer secreto de Fátima.
Cuando miras por aquí y por allá, encuentras toda clase de argumentos en favor de una catástrofe climática en fecha posterior a mi segura muerte. Si sigues mirando, encuentras argumentos que discuten que todo eso sea siquiera predecible. Incluso sé de uno con profusión de datos y argumentos que lo encuentra hasta bueno para muchas cosas. Sin negar que eso que se llama el medio ambiente requiere un tratamiento correcto y equilibrado, uno sospecha bastante de todo lo que recuerde a Nostradamus, San Malaquías y el día del juicio final. No puedo evitarlo. Especialmente porque tiene un aspecto horrendo a quema de brujos y a una vida oscurantista, como la de los sacerdotes que prohíben la música, o la de los que te prohiben gozar porque el cielo te castigará.
No consumiendo, sacrificando mi alimentación (comer carne, parece también muy perjudicial para el planeta) ganaremos el paraíso, un mundo que no conocemos pero en el que seguro que habrá pastos verdes y osos polares. Los antiguos, con notable carencia de instrumentos, fabricaron calendarios y predicciones de movimientos solares y lunares, pero parece que en todo este tiempo, calendario zaragozano aparte, saber si va a llover la semana que viene tiene más de arcano que de ciencia: el chamán hacía la danza de la lluvia, los curas paseaban santos. Y yo creo mucho en el poder de las matemáticas, que conste, y eso habiendo sumado lo bastante como para no dar una con la contabilidad de una empresa pequeña.
En una esquina oigo que gritan negacionista. Me resulta ciertamente desagradable. Negacionistas son los que quieren convencernos de que la persecución y asesinato sistemático de judíos, gitanos, comunistas, republicanos patrios, personas con taras físicas y mentales en manos de unos extraños militares defensores de la pureza racial no existió. La diferencia está al alcance de cualquiera: mientras en este caso hacemos arqueología de datos y contamos con testimonios, muchos testimonios, de personas vivas con tatuajes de números en sus brazos, de la cantidad de hielo, del fresco de las sierras y del calor del agua del mar, tenemos mucha más dificultad a poco que se rasque uno la mollera. Es decir, por dudar, no voy a decir como Galileo, sino por argumentar que puede que no o que, después de todo, puede que ni siquiera sea una catástrofe sino que se den otras condiciones no necesariamente conducentes a una república de insectos, tienes un sello criminal.
Los humanos son una especie muy limitada: parece que no hay tiempo en el que no ensueñen un mundo de aspecto idílico, con huríes o con manantiales que brotan en todas las esquinas y su alternativa de fuego y penalidades. Suelen crear hogueras y acondicionar esquinas de abandono para gente ni siquiera disidente, únicamente raras o balas perdidas, gente que genera duda de su conformidad con las personas bienpensantes.
Dejo tranquilo al inglés: no tengo niños. Pero casi quisiera autoinculparme para buscar absolución. He pecado gravemente de obra – no he tenido niños, pero me he comido unas cuantas vacas y he consultado Google dos veces para escribir este arrepentimiento – y pensamiento, sobre todo pensamiento, porque no lo entiendo aunque usted sabe más que yo. Creo que sólo me falta que me golpee el pecho para decirle que no soy un negacionista, que no voy por el mundo burlándome de gente que han matado o querido matar por el aspecto de una nariz o por apellidos de etimología rastreable. Y que todo puede ser: porque Malthus nunca acertó, al menos del todo, con un razonamiento matemático que salta a la vista.
(vuelvo a Google, yo, blasfemo: parece que Malthus ni siquiera dijo exactamente lo que te cuentan que dijo)