Artículos Etiquetados en: „Tolstoi“

Maneras de carecer de tornillos

miércoles, 10 marzo 2010

…había surgido en él esa duda metafísica sobre la posibilidad de la justicia y la injusticia; ese tornillo que no lograba ajustar.

Lev.

En busca de una confusión amortiguada

jueves, 18 febrero 2010

…la especialidad personal es necesaria, porque quien no esté activo observará toda la confusión de la vida y enloquecerá o morirá al contemplarla

Pudiera ser la descripción de un lector de feeds, o de una nueva herramienta absurda para congregar cientos de individuos y tener juntito todo lo que enlazan o producen. Ese pelotón de ruido. Quizá lo que sucede es que Tolstoi habla de los señoritos rusos y su apacible vida como rentistas o al servicio del zar. Zar es una palabra semimágica, mucho más cuando se dice con el añadido de todas las rusias. Una digresión necesaria para quienes de niños leíamos Miguel Strogoff, el correo del zar, esas historias de aventuras que seguramente Harry Potter y las PlayStation han desplazado. ¿Pero qué mosca me ha picado con esta sentencia terrible, casi atroz? Ahora lo recuerdo: que mi primer contacto real – es decir, cuando me llama la atención – con algo relacionado con la meditación y los varios yogas que los hindúes han inventado, tiene que ver con otra sentencia que me dejó en el alma prendida como un alfiler un comentarista agudo que, no obstante, era incapaz de comportarse como un yogui: si no hay orden exterior, no hay orden interior. Es verdad: las mesas sin papeles suelen pertenecer a la gente como mínimo hábil.
Así, el caos sería propio de una mente dispersa. Seguramente, este escribiente de postales ignoradas. Mi mesa lleva mejorando, lentamente, desde hace semanas. Son cambios seguramente imperceptibles para el que nació cartesiano pero, como diría el clásico de Armstrong,  un pequeño paso pero  un gran salto si se mira con perspectiva suficiente. La conciliación con uno mismo queda destrozada cuando De Ugarte se apresura a enterrar a David Ricardo y avisa, que no es de traidores: la especialización ya no sirve y descubre a sus exploradores electrónicos como seres multivariantes, dispersados en acciones y apelando a cierta lateralidad del pensamiento vindicando la cata de vinos naturales, que bien pudiera ser aceite de oliva orgánico, como potenciación del conjunto de habilidades de su mecanismo de recuperación del gremio y los marinos de Venecia.
Conocí una vez a un cretino que, a falta de talento y perdido de ambición por el ascenso corporativo, empezaba todos sus curricula diciendo: “mi perfil es el de un generalista”.  Trazaba un manto demasiado obvio sobre la inconsitencia de sus experiencias pero seguramente creía que con ello estaba alimentando en el corazón del posible empleador la idea de generalidad como dirección general, es decir, poder y gloria. Pero yo le tenía simpatía porque veía la misma inconsistencia en mi interior restando, como es obvio, el delicado asunto de la cretinez. No, no me respondan. Difícil no recordar el triste papel reservado al periodista: saber poco de mucho.
Terminemos con esto: todo empezó porque doblé la esquina de un libro al leer una frase con hondo significado en mi autopercepción y siguió porque me despierto en medio de la noche acongojado por el dolor intenso de un tirón de los de toda la vida en el gemelo de la pierna derecha. Y aparece el tiempo de divagar. La necesidad de cuadrar esto se puede decir que me descubre la solución del problema en el que me he metido: sin la estabilidad del orden interior no se puede ser polivalente explorador del mundo distribuido de los nuevos comerciantes, y será que Tolstoi debe estar hablando de la alternativa a la holgazanería y a las tardes de salón, una cosa tan proustiana aunque él, desde luego, no pudo llegar a saberlo.
Qué tranquilidad: si soy capaz de no llenar la mesa de papeles y poner orden secuencial o espiritual a cada jugada de la dispersión/polivalencia tenemos un espacio muy próximo al nirvana. Oh, la, lá.

Impotencia

viernes, 5 febrero 2010
Como siempre, la vida con sus intereses en el trabajo y el descanso, el deseo y la pasión, las ideas y la ciencia, la música y la poesía, transcurre más allá de cualquier disposición estatal.
E inmediatamente uno piensa en los combates contra el paro, la lucha sin freno contra la violencia doméstica, las órdenes para rotular o no rotular los colmados en idiomas diversos, la sostenibilidad, el afán de los ciudadanos por proveerse de ¿cultura? sin pasar por caja y en forma de bits viajeros, la consigna de no fumar ni aunque le tiemblen las manos. Qué decir de calcular el IVA con honesta corrección. Leon Tolstoi. Que no sé si contemplaba trivialidades como estas.

Grafómano(s)

jueves, 25 septiembre 2008
Tolstói, dice aquí, escribió cartas suficientes para que ocuparan treinta y dos tomos de los noventa que parece ocupar su obra completa. El periodista no tiene dudas: grafómano. Palabra, para mí, olvidada o inexistente. “Manía de escribir o componer libros, artículos, etc.”, señala la RAE. Merece la pena considerar si, en esta era de mensajes cortos teléfono en mano, diarios personales electrónicos y tantas cosas, todo el mundo es un grafómano. O un redactor compulsivo. Esencialmente por el etcétera.
(Esto, por ejemplo, seguramente es un etcétera y una grafomanía)