Versvs aboga por comer el limón en su estado natural, caramba, recién cortado y sin manipulación, con el aroma que le es característico y nada de experimentar una solución masificada para contentar a asistentes de bodas: ¿sabían que el limón les puede durar cortadito año y medio? Pues lo han inventado, yes very well Manuel. Incluso lo han inventado en Carpetovetonia, lo que no está mal para la gente que se flagela por su raza y su tradición y cree que es la incapacidad intrínseca de las relaciones humanas ibéricas la que impide hacer algo útil al sur de los pirineos: no, mi cielo, es tu falta de iniciativa.
Pero, si no lo pillan, if they are getting it wrong, es mucho peor comprobar que el hallazgo, pagado por todos, conseguido por algo que se llama Centro Nacional (¡arriba España!) de Tecnología Alimentaria, va a ser convenientemente patentado seguramente a mayor gloria de una empresa navarra, faltaría más. Que habrán tenido la idea, y puede que hayan puesto algunos cuartos.
El limón fresquito cortado y patentado no forma parte de las preocupaciones de los creadores de las columnas que toman Madrid con pancartas, como dice por ahí un amigo, «Algunas reclamaciones del #15m me empiezan a recordar a algo entre las peticiones de misa y discursos de misses: por la paz en el mundo….» Brillante. O fotografías que recogen los diarios con sandeces del estilo «fuera el peloteo de las bolsas de empleo». Venid y emplearos todos con flores a María. They are getting it wrong, too.
La cosa de las columnas incrementa las dosis de nada: de nuevo el imaginario resistente, rollo Fidel, emulación sandinista o hasta memoria de Durruti, que la épica es muy entretenida. Pero nada verdaderamente interesante para resolver su futuro: no, no pedirán que el dinero de sus impuestos esté obligado a liberar patentes, a ceder al dominio público el producto de todas las investigaciones adquisiciones y creaciones que se financian con la sustracción forzosa de lo que se gana. Y que puedan vender limón cortado ellos también. No, ninguno protestará porque Nacho Duato diga orgulloso que ¡prohíbe! que, quienes le pagaron sus coreografías y le dieron el sueldo y los medios para crear, puedan poner sobre un escenario los movimientos de un ballet que se le ha ocurrido sólo a él. Caramba, por mezquinos que sean los burócratas, que se lo haga mirar. Que se lo hagan mirar los que van de romería.
Como no veremos ninguna pancarta que diga: dejadme vender aspirinas. Dejadme vender lotería. Dejadme vender tabaco y periódicos en un atasco. Dejadme ganarme la vida. Dejadme incluso montar un partido o sindicato que no parta con desventaja directa por no ser representativo: que el dinero les llega sólo a quienes han ocupado el poder y no salen de él creando barreras de entrada basadas en la representatividad cautiva del sistema al tiempo que reparten canonjías, sueldos y sinecuras.
No, they are getting it wrong: es la superación de las barreras para generarse un futuro autosuficiente en donde reside el futuro al que se debe aspirar. No se trata de cambiar un padre beatífico que resuelve nuestras carencias y miedos por otro. Sois mayores para volver solos a casa después de las diez de la noche. Todo se reduce a efectuar oraciones a mundos genéricos sin posibilidad de alcanzarse o que son, directamente, una imposición.
P.D.: La cosa de los perrofalutas pegando palos a los políticos no era inocente. De nuevo, una de esas pancartitas con el discurso «violencia es vuestra corrupción». Que te pego, leche. Pero lo más interesante es como los mamporros han servido para que la causa que genera la revolución, esa clase corrupta, se haya envuelto en su dignidad democrática. Y que se crea.