Para las fábricas de opinión de masas, las revueltas británicas son obra de una red social en la sombra, la mensajería de blackberry. Justo en el momento en que cada mañana se dedican a saludar a twitter y a facebook como motor del mundo y la democracia árabe, les aparece un fenómeno inesperado y no se ve asomo de rectificación. Caray. David Cameron lo pasa tan mal que dice en voz alta que se plantea apagar las redes sociales cuando hay bronca: seguramente, no ha leído El Poder de las Redes para comprender que no, que por ahí no. O no le han contado que el gran apagón de Mubarak fue demasiado poroso. En Chile están tan sobrecogidos con sus revueltas, que llaman a los gurús a que les cuenten de qué va el activismo digital: sostienen que vivimos en una democracia vigilada. Si lo es, cuando lo es, sería una democracia como poco de vigilancia mutua. La policía de Nueva York abre una unidad de vigilancia para twitter y facebook. Ya sabíamos que la CIA también lo hacía, entre los publicados. Se desconoce si ahora inculirán las blackberries (los árabes ya lo habían visto) y no sabemos si tiene que ver con que Cameron quiera un jefe de policía neoyorquino. Cuentan Las Indias el interés de las dictaduras en que haya libros de caras y no páginas y blogs dispersas: un sueño policial que, sustentado en un servidor único convierte a Orwell en profeta. Carlos Cuadros, el director general de cine español, está ufano porque sostiene que en diciembre tendrá cerradas las webs de enlaces. Menos mal que nos quedan las VPN’s, TOR y tropecientas cosas más, que ya se reirán de ellos en la cara: Fox cree que creando un DRM en forma de subscripción el mundo se conformará con ver sus series cuando ellos dicen. Aunque David está pesimista, nunca como ahora el poder de las redes se ha tornado tan profundamente disruptivo: una pugna despiadada en la que los controles centralizados de antaño contraatacan sin piedad. Porque va en serio.