Criticidades

Censura en Twitter

El editorial más importante del año. Véanlo. No, no me he vuelto loco. Ustedes dirán que un incidente en la red social no es para tanto y que la seria responsabilidad del diario en su asignada labor de control político (social, quieren decir) conlleva estar vigilante ante los abusos contra la libertad de expresión. Han cerrado una cuenta satírica por las quejas de un partido. ¿Está mal? Está mal. No, no está, en realidad mal. Obedece a las reglas de juego de quien te plantea abrir una cuenta con sus reglas. Y el daño se lo ha querido causar quien abandonó su identidad a un servicio que no controla y que, como el algodón no engaña, tiene sus mecanismos engrasados para decir quién sí y quién no.

Esta sutileza no es, en realidad, lo más importante. Lo más importante es que el periódico de referencia lo absorbe para convertirse en tutelador de los usuarios: al no llamar la atención de que no hay posible censura en la red si el censurado se instala con su propio dominio para llevar su voz, lo que asume es que las identidades deben estar controladas y filtradas. Llorando por la supresión de imágenes de desnudos en Facebook, no quiere en realidad que Facebook las acepte porque son una obra de arte y se están imponiendo códigos morales, lo que quiere es que Facebook adopte el suyo.

Cuando irónicamente destaca que rápidamente se han creado cuentas de réplica de la censurada insinuándonos el poder de las redes (es decir, no ha podido ser, en realidad, censurada), ignora de nuevo la mejor opción entre todas las presentes: no canalice su expresión – su identidad – a través de Facebook o de Twitter, hágalo en su propio reino (dominio, servidor) y nunca – nunca – volverá a tener que discutir con ellos lo que aparece en su página. Como sucede con el escándalo de La Noria, la crítica al medio centralizado sólo representa la sumisión a su poder, no la construcción de su alternativa. Adornado de pátina de liberación, cuando los medios convierten a las redes sociales en parte de su escrutinio para seleccionar lo que es noticia, recuperan, vaya paradoja, su posición en el orden social. Han resuelto el esquema: el ruido de las redes, es fuente. Fuente que sólo se valora en su medio que sí es extenso, que leerán menos pero que dice lo que es bueno y malo: que Twitter dé explicaciones.

En parte, es la presencia de periodistas que desean reproducir el esquema del periodismo y que no tienen trabajo en los periódicos los que alimentan esta espiral en la que emplean su influencia externa para poder ser lo que, en realidad, quieren ser: los que dictan la primera página.