Facebook

Ohhh!:

No digo que no haya cosas de interés (que las hay), pero, ¿y la paja? Entrar en “la maligna” implica gestionar cantidades ingentes de paja. Masticarla, probarla, escupirla, masticarla, probarla… y así hasta que logras encontrar algo decente y comestible. Francamente, ¿compensa? Si estoy escribiendo este artículo pronosticando el (¡atención!) inminente hundimiento de Facebook es porque mi respuesta a la pregunta es que no.

Pero aún hay algo más. Algo así como el famoso “one more thing” de Jobs, pero en versión”one more bad thing”. Lo he ido dejando para el final, porque es lo más revelador de cuanto estoy revelando hoy. Yo mismo tardé varios años en darme cuenta y otros tantos en aceptarlo. Al loro, que lo lanzo ya: Lo peor de “la maligna” es que nos hace ser peores personas.

Tal cual. Peores personas. No saca lo bueno que hay en ti, sino que saca lo malo, lo necio, lo gris. Te engancha a una dinámica de “self broadcasting” en la cual compras billetes de avión pensando en los “Likes”que te dará el check-in en el aeropuerto de destino. Te convierte en un ser “bobodigitalizado” que es incapaz de centrarse en una charla analógica porque un conocido en Tailandia se ha tirado un pedo. Interrumpe a diario millares de cenas en restaurantes mega cools porque, si no lo posteas, no ha pasado, y si no ha pasado, nadie lo likea, y si nadie lo likea, no sirve para nada.

Engorda tu ego sin que te des cuenta de ello, rescatando el famosete frustado que habita en tu interior. Te hace sentir que las nimiedades de tu día a día son realmente interesantes para gran parte del mundo, cuando realmente lo que sucede es mucho más lóbrego y triste. El mundo (es decir, tu puñado de falsos amigos digitales que hace siglos que no ves) fingen que les interesan, regalándote sus “likes”, para que luego tu les respondas con sendos aprecios, o simplemente arañar un poco de popularidad a costa de tu ingenio, completándose así el círculo de peloteo y egocentrismo crónico más diabólico y despiadado que jamás haya concebido el ser humano.

Un círculo que a corto plazo parece divertido e incluso útil, pero que muy pronto se revela como un arma de doble filo que produce infelicidad, ansiedad, mala leche y estrés. Sin olvidar los divorcios y disgustos, que también los hay a su costa, y no son pocos. Vamos, que “la maligna” se ha ganado su nombre a pulso.

Dicho esto, mi profecía sobre el hundimiento de Facebook queda adecuadamente lanzada y -considero- que plenamente justificada. Imagino que el lector ya estará buscando formas de darse de baja. ¡Tachán! Sorpresa final: no puedes. No está contemplado que vayas, lo borres todo y desaparezcas de la faz de la red esa. Ya en su día, cuándo entraste, aceptaste cederles todo lo que has ido compartiendo, para que se lo guarden el tiempo que consideren oportuno en sus servidores de California. Mola, ¿verdad? A lo sumo podrás desactivar tu perfil, lo cual sabe a poco después de mi jugosa revelación. Pero algo es algo.

 

2 Respuestas a „Facebook“

  1. Lobo Dice:

    ¡I Like It!

  2. Auringal Dice:

    Me gusta