Recuento de la población de Fénix

José Luis Garci debió decir en las radios nocturnas, memoria traidora, que Woody Allen y no sé cuantos más siempre hacían la misma película. Variaciones sobre un mismo tema. El arte de reinventarse a uno mismo debe ser, efectivamente, un arte. Llámelo resiliencia si median cenizas. Puestas las dos cosas juntas, se trata de dar la sensación de que uno se reinventa sin que nadie se dé cuenta repitiendo más o menos lo mismo. Josh Harris un día creó Pseudo, considerando él mismo que se trataba de la primera creación de broadcast en directo con valores de producción propios de Hollywood de la red: «vamos a echarles del negocio», le dijo a la CBS.

Tras la quiebra, se inventó We Live in Public: un montón de freaks y artistas encerrados en un bunker sin derecho a la intimidad y con comida y bebida gratis pero donde, se advertía, el vídeo de todo lo que ocurría o se viera era propiedad del inventor. Es decir, el mismo Harris. O, puesto en contextos actuales, como los datos de Facebook. Cerrado a la fuerza por la policía, continuó la investigación sobre la exposición y vigilancia permanente encerrándose con lo que era o parecía ser su novia rodeado de cámaras de vídeo sin obviar ni el interior de la nevera ni el interior del retrete. Se evitaba en todo momento la expresión gran hermano, recordar que la Jennicam existió y reelaboraba la idea warholiana de los quince minutos de fama por la búsqueda constante de fama. Con una épica season finale donde la novia abandona la casa agotada de la estrella y su resistencia al matrimonio o a la mera seguridad afectiva, decide reescribir la realidad presentándola más o menos como una herramienta o un miembro del casting.

Reponerse del shock de la hiperobservación pública (casi más bien del narcisismo convertido en una propuesta arte contemporáneo, sea cierto o no) le lleva a retirarse a una granja de manzanas fuera del mundanal ruido. Hasta que reaparece en Madrid, Spain. Intenta recrear We Live in Public a través de webcams cambiando el bunker por las casas individuales y un proceso de filtrado por el que los freaks más gozosos terminan acudiendo a un estudio abierto veinticuatro horas en el que las performances y las irreverencias puedan convertirse en material para la televisión convencional que…. entraría en directo. Pero Madrid no era suficiente, así que se muda a Los Ángeles y construye el estudio, pone en marcha el operativo y termina fracasando en vendérselo al venture capital de Sillicon Valley. Visto desde hoy, no es más que otro episodio en los intentos de conversación tecnológica y de negocio entre San Francisco y Los Ángeles. Pero sobre todo, fracasa y agota su dinero porque nadie más aguanta que le digan a la cara que les va a arruinar mientras los billetes se queman como si mañana fuera el fin del mundo: ni los amigos del estrellato del internet de los 90, dizque Calacanis, son capaces de seguirle si no es para echar una partida de poker. Los puentes hacía tiempo que cayeron.

Nueva desaparición y reaparición en Addis Abeba. Un intento de crear un canal de entretenimiento africano. Alguien debería viajar en busca del rastro que ha dejado. Han pasado los años, ha brillado como personaje de documental en Sundance y se ha encontrado con que el MIT lanza una búsqueda pública de un nuevo director para su Media Lab. Wired, amigo de los viejos tiempos, le da una página para lanzar su pitch ¿y saben qué? Que ahora se llama The Wired City y, vuelve a ser, el mismo juego de cámaras, grabación, hiperconexión… La cuestión es si, cuando apareces en un documental como reliquia del primer dot.com, puede convertirse en resurrección como Travolta en Pulp Fiction o, simplemente, empiezas a formar parte de un museo.

Cuando el entorno del registro público masivo de datos se ha convertido en normalidad, se ha agotado el discurso porque ya no queda más discurso y se pervive como un extraño al que se admira. Pero cada resurrección ha dejado tanto en el camino que se suma más decepcionados que afines. Súmese el sorprendente intento de reescribir el pasado, por muy contradictorio que sea con la propia trayectoria de la pervivencia de los datos. Historias de paranoicos.

 

Los Comentarios han sido desactivados.