Dinero público para negocios privados

Estaba yo a punto de cruzar la calle, un paseo dedicado a tareas domésticas: pan, puerros, cebollas, un cuarto de gallina. Toca caldo. Aunque el muñeco verde permitía el paso, una pequeña muchedumbre estaba detenida ante el paso de cebra e impedía seguir. Una cantidad enorme de motoristas cruzaba la avenida a baja velocidad, con carteles y proclamas. No hacían caso a las señales de los semáforos – supongo que consentidamente con alguien – y algunos peatones aplaudían con gran sentido de la emoción y el orgullo.

Antes de darme la vuelta para aprovechar pequeños trucos de vecino del barrio para cruzar la calle aprovechando los tuneles del metro, veo uno de los carteles que portan los motoristas: “dinero público para negocios privados”. Me sorprendió sobremanera. Deduje que eran médicos u enfermeros, por aquello de las polémicas cotidianas.

Me sorprendió porque no entiendo el razonamiento. Lo primero es que resulta obvio que el dinero antes de ser público fue privado. Al igual que cuando se habla de “umbral de la pobreza” las deficiones resultan de un ideológico atroz. Me dije a mi mismo que qué pasaría si el dinero público se llamara dinero confiscado. O enforzado. Resultaría indigno. También decimos dinero de “los contribuyentes” que es mucho más estético.

Siendo de “los contribuyentes” se supone que es para contribuir a algo y ese algo, por ejemplo, son los sueldos de los empleados públicos. Nadie dice dinero público para salarios privados: se supone que han ganado su plaza en un concurso público (hasta ayer, para toda la vida), que hacen con su dinero lo que quieren y, presumiblemente, están encantados de presentarse a algún concurso interno para poder ganar más. O ser ascendidos. Nadie les llama egoístas.

La segunda sorpresa reside en que cuando se habla de “negocios” privados esto resulta terriblemente negativo. Ganar dinero, entonces, sería obsceno. Lo que quieren decir es que está mal que alguien saque beneficio por gestionar un servicio “público” aunque ellos también lo ganen. A mí me parece bien que ganen dinero. Me parece bien que gane dinero todo el mundo. No llevo bien que se gane con las cartas marcadas: concursos amañados, concursos de belleza (otro nombre es “dedazo”), con falta de competidores, ausencia de suficiente concurrencia de litigantes y todo eso. También me sienta mal que se pase un exámen y no haya que demostrar mucho más el resto de tus días, pues te dan una “plaza en propiedad”.

Cuando se habla de “umbral de la pobreza” se hace un ejercicio estadístico. Resulta que se hacen cábalas y cálculos que se parecen a éste: pongamos que si la media de renta son cien, estás entrando en la pobreza cuando estás debajo de cincuenta. ¿Pero qué sucede si la renta media de otro país es cincuenta? Pues que se empieza a ser pobre con 25. El problema es que seguramente es mejor ser pobre con renta de 50 que con renta de 25. Por eso mola más ser pobre en España que en Nicaragua. El resultado es que no sabemos qué es un pobre de verdad. Si alguien lo hubiera llamado “marcador de rentas bajas relativas” estaría siendo científicamente más fino (sí, también se llama “pobreza relativa” pero pobreza es una palabra cargada de sesgo aunque obviamente puede ser simultánemente cierto que es sesgada y plenamente atinada).

Creo que esto iba de médicos, hospitales y, se supone, enfermos. Dinero privado que se torna píublico para cuidar enfermos y que termina inevitablemente en manos privadas: empleados, fabricantes de material médico, laboratorios farmacéuticos. No hay forma – leyendo estas polémicas –  de saber cuánto cuesta ahora, cuánto costará después, si es importante distinguir entre provisión y prestación (es decir, te garantizan que tienes médico, pero el que tomó tu dinero no se encargaría de tenerle en nómina) ni si la forma de elegir operadores privados tiene las dosis de transparencia, libre concurrencia y coste como para que la magia de intentar ganar dinero y ganarlo se torne en beneficio general y no en prebenda particular.

He tenido experiencias imperfectas en la sanidad pública y en la privada. He tenido experiencias satisfactorias en la sanidad pública y en la privada. Pero, si miro el conjunto, echo de menos el que los detalles y la prontitud y concepción del servicio que he tenido en los privados lo tuvieran los públicos. Si la cobertura está garantizada (tema peliagudo, saber cuánto y qué se garantiza, como cuánto es garantizable), no está demás ver si se es capaz de trasladar lo mismo a todo el mundo al que le cobran la sanidad: es que te la cobran… sea pública o privada. Pero esto es seguramente un problema muy complejo: la cuestión es que no debería ser un problema (o, el problema) el que hubiera dinero público para negocios privados. Como poco, es que el enunciado es inane.

2 Respuestas a „Dinero público para negocios privados“

  1. Juampe (@Juample) Dice:

    “Me parece bien que gane dinero todo el mundo.”

    ¿Te parecería bien ganar un millon de dólares en un mundo donde todo el mundo gana diez millones?

    El problema no es que se gane dinero, si no cuanto se gane y lo mas importante de todo con cuanto esfuerzo o méritos ¿no?

  2. Gonzalo Martín Dice:

    ¿Puedo vivir con un millón? El problema de la renta no es si mi vecino gana más que yo: eso es envidida. El problema es si yo puedo ganarme la vida. Y otro problema es si hay coaliciones de personas que imponen, por ejemplo, reglas legales para que yo tenga menos opciones (se llama, por ejemplo, que a mi no me dejan poner una farmacia, un estanco o vender periódicos en la calle). O gente que emplea información privilegiada en bolsa (donde, por cierto, en España nadie va a la cárcel).

    Esfuerzo y mérito también están sometidos a relatividad. A la gente le parece muy mal que Cristiano Ronaldo gane más que un médico incluso convencional. Pero lo cierto es que un montón de gente está dispuesta a pagar por ver jugar a Cristiano Ronaldo. Y si el mérito es el criterio, si yo gano un millón (que, no sé a ti, pero a mi me bastaría) resulta que tengo menos mérito que el que gana diez. Aunque todo puede ser por el sector de trabajo que he elegiso y trabajado.

    Te confirmo que a mi lo que me importan son los pobres.