Glenda
«Queríamos tanto a Glenda que le ofreceríamos una última perfección inviolable. En la altura intangible donde la habíamos exaltado, la preservaríamos de la caída, sus fieles podrían seguir adorándola sin mengua; no se baja vivo de una cruz»
Empecé pensando en otro relato. Y creí ver
en Glenda la razón, el hilo conductor. Pero después vi que no me interesaba nada. Que me bastaba con Cortázar.
Etiquetas: Cortázar, Queremos tanto a Glenda
Este artículo fue publicado el martes, 16 diciembre 2008 a las 22:58 y archivado en Sin categoría. Puede seguir los comentarios de esta entrada a través del RSS 2.0.
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