Siete críticas imaginarias a “Balada Triste de Trompeta”

La crítica del hacker: Álex, muy buena remezcla de todas las películas que has visto. Oye, tienes a Hitchcock (qué buenos homenajes a Vértigo y a Con la Muerte en los Talones, que son cosas que ya hacía Brian de Palma), pillas de la atmósfera de Guillermo del Toro: muy bueno eso de recrear la guerra civil desde un punto de vista fantástico como en El Laberinto del Fauno; nada mal esa similitud con el Joker de Batman… diría que hasta te remezclas a ti mismo (Muertos de Risa). Y hasta toques David Lynch y de Woody Allen. No falta de nada. Almodóvar hace lo mismo, no te inquietes. Oye, la banda sonora tiene momentos clavados de El Fugitivo, incluso de Vértigo. Me pregunto si habiendo podido inspirarte tanto te han hecho pagar una fortuna por las canciones de Raphael y de Francis Cabrel o por los clips del NO-DO que, encima, son propiedad pública.

La crítica de Libertad Digital: Por un momento, parece posible que haya un republicano malo, autoritario cuando no violentamente totalitario y cruel en una película española. Pero no, luego te arrepientes y lo dejas en nada, en un chiste que no sale chiste para después inmolarlo en nombre de la causa. Al final, la idea de venganza prevalece como una metáfora hasta presentar a ETA como ejecutores de una venganza justa, que Carrero se lo merecía.

La crítica de Leire Pajín: Qué excelente retrato de las raíces del patriarcado y la relación de dominación de las mujeres sometidas a violencia de género. Podemos contemplar un personaje como tantas mujeres actuales que renuncian a abandonar y denunciar a su agresor y siguen enamoradas de él a pesar del daño que les causa. Es un cine necesario para poner en evidencia la lacra del machismo.

La crítica de los guionistas de Cuéntame: Álex, no has echado cuentas. En los setenta, los policías iban de gris, por eso se les llamaba grises. No era por su mediocridad, que pudiera ser, sino por el color del uniforme. Así que cuando cambió a marrón (que ahora es azul) se les llamó por el color de la madera: maderos. Tu peli ocurre antes de que muera el general, así que no pueden ser maderos. Lo siento. Lo repites en dos secuencias. Por cierto, “La quiero a morir” es una canción del año 79, es decir que no puede sonar para ambientar la película. Sorry. De paso, los coches de policía de los maderos eran blancos y se les llamaba lecheras. Pero esto es por el amor a la anécdota, no porque esté mal, ya que no se dice en la peli.

La crítica ¿de?: Por un lado, es interesante la renovación de la tradición propia en forma de cine fantástico (aunque sea semi-gore/semi cómic). Así utilizar los dramas de la guerra, la posguerra y los años anteriores a la transición para recrearse con monstruos, disparos de armas imposibles, etc. etc. está muy bien. Queda la duda de si esa frase que pronuncia Manuel Tejada (qué mayor está, con lo mal actor que era de joven y lo eficaz que resulta aquí), algo así como “este país, que no tiene remedio”, no es caer en el pesimismo y el complejo de inferioridad español. Ese mismo discurso que decía que había algo en el celtíbero para no poder tener una democracia o vivir sin matarse. Esa excusa perfecta para tener un general al mando y garantizar el orden. La otra lectura, es verlo como un gran acierto sociológico que refleja el ambiente. Eso sí, muy al borde de caer en el rollo del arquetipo del fascista y tal y tal.

La crítica de Rafael Abitbol: Por fin un miembro de la cultura española sin prejuicios que puede poner a Raphael como una referencia artística.

La crítica de los exhibidores de cine: Bien enfocado, recurrir al terror y a ganchos excelentes para adolescentes como Santiago Segura es pensar en el público, es un buen título para vender palomitas. Pero, Álex, seguimos con lo mismo del cine español: dejad la guerra civil en paz, que cuando se enteran no quieren venir. Y nos la ponen mal en internet.

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