Hay revoluciones que no funcionan. Es tan viejo aquéllo de que no basta con las buenas intenciones…, pero se dotan de
superioridad moral en ese estado mental que les hace sentir que están luchando constantemente contra todas las plagas y males humanos. Y resulta que luchar, luchar, se lucha más con la cabeza que con hazañas legales que le llenan a uno el alma de la satisfacción del deber cumplido. O de creer que se cambia el mundo.