Bondades y debilidades del converso

Lo que propongo es que la renovación de la agenda socialdemócrata surja de esa combinación entre liberalismo (eliminación de las dominaciones en el mercado), socialismo (preocupación por la igualdad) y ecologismo (perspectiva sistémica y de sostenibilidad).

La confrontación entre la izquierda y la derecha no enfrenta ahora a los partidarios del Estado contra los del mercado, sino a quienes tienen más que perder con el fracaso del mercado frente a quienes pueden sobrevivir mejor cuando los mercados no aseguran la igualdad (porque tienen más recursos o porque se saben beneficiarios de una estructura política de privilegios). El mercado es, se mire por donde se mire, un invento de la izquierda.

El caso es que estos planteamientos no sólo son lógicos y asumibles, incluso con el riesgo de conflicto intrínseco entre igualdad y liberalidad, pero redactados como están tienen un tufo diferente: pareciera que se trata de salvar una palabra, izquierda, especialmente la actitud y los hechos comprobables de la izquierda realmente existente y que se proclama como tal. Es decir: hemos fracasado, una vez más, en otorgar al mercado el valor que tiene, lo hemos negado y lo hemos vilipendiado, pero una vez caídos del guindo resulta ser una buena y gran idea que es, intrínsecamente, nuestra, la de los buenos. Aunque resulte que el discurso puede no alejarse del de los malos. El aprovechamiento del estado del bienestar por minorías con mejor acceso a la información y a las conexiones oportunas tampoco son una cosa nueva producto de la crisis del 2008, venían proclamándose desde que España, por ejemplo, construyera a toda velocidad lo que no tenía y ya mostraba síntomas de quiebra donde sí estaba.

Pero si la palabra izquierda sufre de un cansancio que genera aburrimiento mortal, la palabra derecha sólo huele a reacción e inmovilismo: un inmovilismo que, en más ocasiones de las esperadas, tiene su acierto en asumir que hay cosas que difícilmente son mejorables por desear que sean mejores. Hay conservadurismos verdaderamente revolucionarios. Líbreme lo que se pueda imaginar más eterno de corregir a un distinguido catedrático con estas mis modestas luces, pero es como si intentara dar forma cartográfica a mapas ideológicos del mundo que ya estuvieran dibujados por otras cartografías.

Parto del principio de que el mercado es una conquista de la izquierda y la competencia es un auténtico valor de la izquierda, frente a las lógicas de monopolio y los privilegios

El problema es que hay libertarios de toda clase que proclaman lo mismo seguramente desde hace mucho más tiempo, quizá podamos decirlo de determinados socialistas utópicos: de lo que hablamos es del empeño en preservar esa superioridad moral que adquiere tintes salvadores cuando se pronuncia “soy de izquierdas” a la luz del discurso de los ocupantes del poder en el juego mediático/ilusorio que aspira a continuar con el mantenimiento de redes clientelares al servicio de organizaciones que secuestran el estado. Una grandísima pérdida de tiempo: o es propaganda para hacer tragable lo que no era tragable, o nos dedicamos a reducir privilegios. Habrá que rastrear al autor, escribiendo donde escribe, qué posición adopta frente a los monopolios de conocimiento, los estancos, farmacias, loterías y demás bagatelas. En todo caso, más difusión de mercado como ausencia de privilegio y disolución de los monopolios es casi una fiesta.

 

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