Cosmovisiones analógicas en un envase digital

Más o menos, una de las tesis a la crítica al contenido y naturaleza de las dichosas movilizaciones en forma de acampada urbana que hacemos entre indianos y afines, es la de la permanencia de una cosmovisión similar a la de la que se pretende sustituir: por ejemplo, con las peticiones asistenciales, benéficas o, como las quieren llamar, del bienestar. O, muy significativamente, apelando a la mediación de los medios y no jugando a la desintermediación. Para muestra un botón: se crean una radio y funciona con los mismos mecanismos mentales que la comunicación de masas y el broadcast convencional, precisamente lo más alejado del mundo de la ética hacker. No por ser online, dejas de hacer las cosas diferentes, esa tendencia a la ambigüedad y el saber la música pero no la letra:

La parrilla de programación es la siguiente:

13:00 – 15:00 Programación de mañana.

15:00 – 17:00 Repetición de programación de mañana.

16:00 – 18:00 Cortes, micrófono abierto, música copyleft.

18:00 – 20:00 Programación de tarde.

20:00 – 22:00 Repetición de programación de tarde.

 

2 Respuestas a „Cosmovisiones analógicas en un envase digital“

  1. dario Dice:

    En este caso en concreto ya lo has especificado perfectamente… hablando en términos más generales… es desesperante ver como siempre se le da más importancia al continente que al contenido… un bonito papel de regalo envuelto en más papel de regalo… esta es la cultura de la sociedad de consumo que tan rica se cree… y tan pobre es.

  2. El 15-M que nos hubiera gustado tener | Criticidades Dice:

    […] Minchinela es lo máximo. Oxígeno puro, vaya. Y en esta entrevista se produce el fenómeno más extraño del mundo. Tan extraño que se me dirá que no es extraño, sino que lo mirasteis mal. Es extraño porque Minchinela retrata el 15M que tuvo que haber sido, pero que algunos creemos que no fue. Verbigratia: la apelación a la sustitución de los medios para reclamar fuente directa ¡en Twitter! cuando ha sido un intento desesperado la búsqueda de esos medios para ser ratificado. Twitter molaba porque parecía egipcio, no porque se entendiera. Molaba porque El País lo miraba, no porque se quisiera un discurso autónomo, ni mucho menos con la potencia de lo digital en red. […]