La anomalía intrínseca del periodismo, descubierta por un periodista

Diego Manrique:

Tenían una oficina en la Calle Mayor (Madrid) y los domingos hacían un programa con público. Había un círculo interno de seguidores que tenía acceso a los discos que Ángel Álvarez traía de Nueva York. Se creaban pequeñas aristocracias, que es un esquema que se ha reproducido muchas veces, hasta que llega Internet y propicia que cualquiera pueda escuchar casi cualquier canción. Durante muchos años,  los críticos musicales hemos hablado para iniciados. El gremio ha pecado de exhibicionismo. El discurso decía “mira que información tengo” o “puedo acceder a esta estrella y vosotros no”. Solo se han salvado géneros como el heavy metal, donde los periodistas decían “a todos nos gusta este tipo de sonido y vamos a intentar disfrutarlo al máximo”.

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