En la heroica ciudad de Kiev

Una noche, caerá Kiev. Es Zelenski a quien atribuyen en alguna frase pasada por agencias de prensa, tribuletes y traductores ese final: el de la heroica ciudad de Kiev. Que parece el inicio de un cuento (La Regenta mismo, por favor), pero que es el melancólico apellido del anuncio de explosiones y bombardeos.

Entre las bombas, en la noche, un sábado ochenta y una mujeres dan a luz en sótanos y estaciones de metro. La muerte acechando mientras la vida porfía por salir. Es tristísimo contemplar la guerra como catalizador de las decisiones y comportamientos más extremos de las personas: dar la vida por… o aprovechar la desgracia para chantajear a los huidos y perseguidos. En la frontera de Polonia, los aduaneros (habrá que decir: algunos aduaneros) extorsionan a los que huyen de la sangre y del fuego.

Juan Antonio Luna, un español de Cabra, ha volado a Cracovia para subirse a un tren y llegar a las noches de Kiev. Y de alguna forma, que ya prevé que pueda ser hasta caminando, arribar a la aldea donde su mujer y sus hijos han huido. Después, retornar a Polonia y regresar. Vivos.

¿Miedo? Es la inquisición del reportero. Sí, tiene miedo. «No tengo otra opción». No hay vestigio en el texto de que vaya a empuñar un arma. Probablemente, sea más seguro ni siquiera intentarlo. Si no te armas, no puedes agredir, si no puedes agredir no te agreden. Pero la sombra de los tanques puede aparecer y verte envuelto en ese punto donde ahora es o él o yo. Peor, mis hijos o ellos.

Ser brigadista romántico y marchar al frente para involucrarse como soldado de a pie en una causa justa es racionalmente una cosa de tontos. La justicia y el romanticismo se terminan con la primera bala pasando por encima de tu cabeza para convertirse en una tragedia moral y seguramente física: y si ahora tienes que matar un hombre, aunque sea para que no te mate a ti. La causa que te saluda, brillará en poemas, pero te dejará las neuronas con rescoldos.

Por la causa, no. Pero por los hijos, quién no presume que daría la vida. Concluyo que la única belleza moral de armarse, mantener la posición entre escombros y dar el paso de ponerse al servicio de otros con un fusil en el hombro, sólo puede tener sentido si estás salvando de la tragedia a tus débiles, a tu amor profundo, a los frágiles que van a ser abusados o sacrificados.

Y si ya te queda más presente que futuro, con seguridad no dejarías sólo a José Antonio Luna, de Cabra, si tuviera que atrincherarse y cubrir la fuga de los niños que viste crecer, los niños que te pidió vigilar una tarde en que se quedaron solos, unos que vinieron a celebrar los cumpleaños de los tuyos y, súbitamente, los unos y los otros están en una posición en la que ser héroe es una circunstancia impuesta.

Una noche caerá Kiev y se sucederán relatos de príncipes blancos que se aparecieron entre las ruinas y salvaron algunas vidas en el último momento. Puede que alguien repare en que la madre del agresor herido o derribado, también gemirá de dolor. Sin esperarlo, la vida de la era de la superficialidad y la angustia por el síndrome postvacacional se encuentra necesitada de un Homero que le dé sentido al sacrificio. Y no lo halla.

1 Respuesta a „En la heroica ciudad de Kiev“

  1. @olmosbook Dice:

    Vi la entrevista en 24 H. Sin edulcorantes, sin dramaturgia, el hombre a lo suyo. Desde entonces rastreo noticias